martes, enero 13, 2009

130: La lectura, una autopista hacia el desarrollo intelectual

130. LA LECTURA: UNA AUTOPISTA
HACIA EL DESARROLLO INTELECTUAL


Ricardo SALAS MORENO



Nadie deje transcurrir
esta ocasión de aprender,
porque aprender a leer
es aprender a vivir

(De una canción de Carlos Puebla)



¿Qué es leer? ¿Para qué sirve leer? ¿Se puede enseñar a leer? ¿Se puede aprender a leer? ¿Es posible, acaso, concebir la escuela sin la lectura? ¿Es posible producir conocimiento alguno que pueda trascender prescindiendo de la lectura?


Muchos son los interrogantes que uno, sobre todo como docente, podría y debería formularse con respecto a ese término de la cotidianidad que parece no mortificar al transeúnte más desprevenido: leer. Bastaría con preguntarle a la gente en la calle si la lectura los afecta positiva o negativamente en su diario vivir, para darse cuenta del estado de indiferencia que caracteriza, en buena medida, la cultura de los países pobres frente a éste y a otros fenómenos que han marcado hitos en la historia de la humanidad. Lo cierto es que la lectura reclama, en el mundo moderno, un lugar de privilegio en el concierto del desarrollo de la ciencia y la sociedad; por eso es menester dedicarle una atención especial en el campo de la educación, pues es allí donde deben forjarse los grandes valores.

Hacia la construcción de una noción macro

No podemos seguir pensando la lectura como una simple técnica de “decodificación” de significados verbales, como muchos la conciben cuando se les pide una definición de dicho concepto; tampoco puede pensarse la lectura como la actividad de verbalización o sonorización fluida de los grafemas impresos en un papel, como la conciben quienes evalúan la lectura en términos de la velocidad. En primer lugar, si reconocemos en la lectura un proceso activo, dinámico, terminaremos por entender que no existe tal “decodificación” de significados; así lo demostraremos más adelante. En segundo lugar, la lectura no es una actividad que se realiza solamente sobre los signos verbales.

Si nos ubicamos dentro de la semiótica contemporánea, podremos entender la noción de lectura en su sentido amplio, como actividad de semiotización de toda nuestra experiencia con el mundo natural, social y cultural. Desde la perspectiva greimasiana, es la enunciación -como proceso semiótico, verbal y no verbal- la que da origen a la significación, y ésta, a su vez, permite que haya o no haya comunicación. Aquí es fundamental comprender también la noción de texto tal como la presenta Umberto Eco (1979: 73): “El texto es un artificio sintáctico - semántico - pragmático cuya interpretación está prevista en su propio proyecto generativo”; también lo define como “una cadena de artificios expresivos que el destinatario debe actualizar, pues el texto siempre está incompleto, está plagado de elementos no dichos”. Cuando manifiesto, por ejemplo, que “el curso que más me gusta es el curso de Español para los estudiantes de Comunicación Social de la Universidad del Valle”, el lector debe llenar o completar una serie de espacios en blanco para poder actualizar dicho texto; debe presuponer que hay otros cursos que también me gustan, aunque no tanto como éste; que probablemente haya otros cursos de Español, además del que hay para Comunicación Social de la Universidad del Valle; que probablemente haya otros cursos de Español para estudiantes de Comunicación Social de otras universidades, y así sucesivamente en la medida en que aparezca más información. Este llenado de espacios en blanco es un movimiento cooperativo con el texto, el cual se presenta ineludiblemente, para citar un caso, en los actos de habla; en ellos es fundamental el reconocimiento de la intencionalidad del hablante por parte del destinatario para que el acto se cumpla.

Entendemos, entonces, que leemos no sólo textos verbales sino también el mundo, la cotidianidad, el audiovisual, el texto gestual del mimo o del sordo; igual sucede con las relaciones espaciotemporales cuando tenemos que calcular la distancia y la velocidad del vehículo que se aproxima, antes de cruzar la calle; leemos también el guiño del ojo, el ceño fruncido y todos los aspectos del rostro que se constituyen en la base material de las significaciones no verbales para la comunicación entre personas. Gracias a estas lecturas sabemos si el jefe se va a enojar ante nuestra solicitud, si va a responder afirmativamente, si se va a reír, etc. La lectura implica, pues, toda una actividad de re-semiotización y de re-significación tanto de los mundos construidos verbalmente como de los mundos naturales. De acuerdo con Eco, no existe una comunicación meramente lingüística, sino una actividad semiótica en sentido amplio, en la que varios sistemas de signos se complementan entre sí.

Lea el artículo completo en:

Geocities/Semiotica

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