jueves, abril 03, 2014

208. Los guerrilleros, la lectura y la ciencia

Los guerrilleros, la lectura y la ciencia
Los ex guerrilleros no suelen ser participantes asiduos de estudios científicos, pero ahora, por primera vez, antiguos miembros de la guerrilla en Colombia ayudaron a investigadores a mejorar su entendimiento del cerebro.

Escáneres cerebrales (Nature)

La imagen muestra los escáneres cerebrales de 10 individuos que aprendieron a leer siendo niños.

En particular, gracias a estos participantes, el equipo de investigadores de Gran Bretaña, España y Colombia descubrió cuáles son las áreas del cerebro involucradas en el aprendizaje de la lectura.

El estudio -publicado en la revista Nature- encontró cómo cambia la estructura cerebral cuando aprendemos a leer.

Y los resultados, dicen los autores, podrían ser útiles para el entendimiento de trastornos de aprendizaje como la dislexia.
 
Dificultades previas

Hasta ahora, los científicos no habían logrado entender con precisión los cambios que ocurren en el cerebro con el alfabetismo, principalmente porque cuando la mayoría de la gente aprende a leer -siendo niños- ocurren muchos otros cambios en la estructura cerebral.

El estudio con adultos también había sido difícil porque en la mayoría de las sociedades el analfabetismo es por lo general el resultado de discapacidad o mala salud.

Ahora, sin embargo, los científicos del centro de investigación Wellcome Trust de Londres, de las universidades del País Vasco y La Laguna en España y la Nacional de Colombia, encontraron a un grupo de estudio ideal: los antiguos guerrilleros que se están reintegrando a la sociedad colombiana y aprendiendo a leer por primera vez.

"Separar los cambios que ocurren en nuestro cerebro provocados por el aprendizaje de la lectura hasta ahora había sido casi imposible debido a otros factores de confusión" explica la profesora Cathy Price, una de las autoras del informe.

"El trabajo con los ex guerrilleros de Colombia nos ha ofrecido una oportunidad única para ver cómo se desarrolla el cerebro cuando se adquiere la capacidad de la lectura", señala.
 
Capacidad aprendida

El lenguaje es una capacidad única del ser humano y aún en los ambientes más empobrecidos linguísticamente, los niños desarrollan de forma natural sistemas sofisticados de lenguaje.

Sin embargo, la lectura es una habilidad aprendida que no se desarrolla más que con intensa enseñanza y aprendizaje.

Y aunque se sabía que este aprendizaje provoca muchos cambios en la estructura cerebral, no se había logrado detectar cuáles eran.

En la investigación, los científicos tomaron escáneres de imágenes de resonancia magnética (IRM) en el cerebro de 20 ex guerrilleros que habían concluido un programa de alfabetización en español siendo adultos.

Posteriormente compararon estos escáneres con los de otros 22 ex guerrilleros antes de que comenzaran el mismo programa de alfabetización.

Los resultados revelaron las áreas del cerebro que están involucradas en el aprendizaje de la lectura.
 
Área especializada

Con esta información los investigadores analizaron cómo son estas regiones en los cerebros de adultos en el Reino Unido que habían aprendido a leer siendo niños.


Escáneres cerebrales (Nature)

Áreas donde aumentó la materia gris en los cerebros de ex guerrilleros que aprendieron a leer y la de aquellos que no.

Los resultados mostraron que en los cerebros de los ex guerrilleros que habían aprendido a leer la densidad de la materia gris (donde se lleva a cabo el procesamiento cerebral) era mayor en varias áreas del hemisferio izquierdo del cerebro.

Y como se esperaba, dicen los autores, estas áreas eran las responsables del reconocimiento de las formas de las letras y la traducción de letras a sonidos de lenguaje y sus significados.

También encontraron que el aprendizaje de la lectura había aumentado la "solidez" de la materia blanca (donde están las conexiones que transmiten señales a diferentes regiones del cerebro).
 
Leer y predecir

Desde hace unos 150 años los científicos han sabido que hay una región del cerebro, llamada circunvolución angular, que es importante para la capacidad de leer, pero no se conocía con precisión su función.

Se pensaba que la circunvolución angular reconocía las formas de las palabras antes de encontrar sus sonidos y significados, pero el estudio demuestra que esta región puede predecir lo que el cerebro está a punto de ver.

"La opinión tradicional era que la circunvolución angular actúa como un "diccionario" que traduce las letras de una palabra a sonido y significado" explica la profesora Price.

"De hecho, logramos demostrar que su papel consiste en anticipar lo que nuestro ojo va a ver. Es casi como la función "de predicción" en los mensajes de texto de los teléfonos móviles", agrega.

Los científicos creen que estos resultados serán útiles para tratar de entender las causas de la dislexia, un trastorno que impide poder leer correctamente y que se cree afecta a entre 7 y 17% de la población mundial.

Fuente:

BBC Ciencia & Tecnología

martes, marzo 25, 2014

207. ¿Por qué Beto Ortiz no comprende el cuento "Paco Yunque"?

El día martes 18 de marzo de 2014, el periodista Beto Ortiz tuiteó un polémico texto. "Al que pida que se prohíba La Paisana Jacinta habría que recordarle que Paco Yunque de Vallejo refuerza los estereotipos de cholito víctima", escribió en la red social el conductor de "El valor de la verdad".
Con ello, Ortiz intentó responder a los críticos de la serie "La Paisana Jacinta", un sector de los cuales busca que el programa sea retirado de la señal abierta, por mostrar una imagen negativa de la mujer andina que ha sido calificada de racista.

El periodista Ortiz atribuye a Vallejo la construcción de un estereotipo: el "cholito vícitima". A esta lectura ha reaccionado el escritor Gustavo Faverón, quien en su cuenta de Facebook explicó el cuento de Vallejo, a manera de lección para Ortiz. A continuación, compartimos el texto del autor de "El anticuario".

Beto Ortiz y Paco Yunque o Qué pasa cuando no se entienden los cuentos para niños

Escribe: Gustavo Faverón Patriau
 Beto Ortiz sostiene que el cuento Paco Yunque de César Vallejo promueve “el estereotipo del cholito víctima”. Mario Vargas Llosa sostiene que en Paco Yunque hay “un espíritu de protesta que se contagia al lector”. No es sorprendente que nuestro peor escritor y nuestro mejor novelista tengan visiones tan radicalmente distintas de aquel relato escrito en 1931 por nuestro mayor poeta. No es sorprendente porque para ser un gran escritor primero hay que ser un excelente lector, y Vargas Llosa lo es, como sabemos de sobra por su largo trabajo como crítico literario, y Beto Ortiz no lo es, como sabemos de sobra porque es obvio. Beto Ortiz es un lector tan malo que lee Paco Yunque y cree que Vallejo promueve un estereotipo racista en el que se asocia lo cholo, o lo andino, o lo mestizo, con la pasividad y la pusilanimidad. 


Todos hemos leído Paco Yunque en algún momento entre cuarto de primaria y segundo de media (como debe ser, porque Paco Yunque es un cuento para niños, escrito por Vallejo a pedido de una revista infantil) y sin duda, aunque desconociéramos palabras como estereotipo, racismo, segregación, semifeudal, gamonalismo y discriminación, todos entendimos el mensaje básico, el mensaje que Vallejo escribió para que le quedara claro a sus niños lectores. El mensaje es que hay sociedades atrozmente injustas donde el color de la piel y el origen permiten a unos abusar de otros, sentirse superiores, ser violentos, creerse propietarios de los demás, lastimarlos. Y que la injusticia de esa relación perversa se transmite de padres a hijos a nietos, de manera tan inexorable que incluso un niño inteligente, como Paco Yunque, un muchachito que no hace otra cosa que observar el mundo alrededor de él y preguntarse por qué ese mundo tiene esa forma maldita y agresiva, incluso ese niño, es inmediatamente introducido en la sociedad como sirviente, como semiesclavo, y sus dotes de observador y su sensibilidad no son nada al lado de la gigantesca estructura social que el país entero deposita sobre su espalda. Es decir, en otras palabras, sin tener esos conceptos a la mano, de chicos, cuando leímos Paco Yunque por primera vez, entendimos, como dice Vargas Llosa, que en ese cuento había “un espíritu de protesta”. Que Vallejo no promueve ningún “estereotipo de cholito víctima”: Vallejo está diciendo que la estructura de nuestra sociedad es criminal porque es racista y clasista y que ese crimen tiene víctimas reales y está diciendo quiénes son esas víctimas y está diciendo quiénes sostienen la explotación.

Paco Yunque, el personaje, no corresponde a ningún estereotipo previo en la literatura peruana y no engendra una genealogía de “cholitos víctimas”. Paco Yunque es Paco Yunque: un prospecto de semiciudadano que empieza a sufrir los horrores de la injusticia social en el momento en que la nación lo incluye engañosa y perversamente en sus circuitos: el primer día de escuela, la semana en que ha dejado el campo. Paco Yunque recuerda que en el campo las personas hablan como personas, es decir, una primero, después otra, después otra: dialogando, mientras que en la ciudad y en la escuela todos hablan al mismo tiempo, y eso no le parece humano. Paco Yunque, en su primer día de colegio, entiende algo que Beto Ortiz no entiende hasta hoy: que la sociedad no camina bien, que tiene algo monstruoso y deforme, y al comprender eso nos deja entender que las deformidades de la sociedad deberían abolirse y transformarse. Ese es el “espíritu de protesta” al que se refiere Vargas Llosa. Vallejo el marxista convicto y Vargas Llosa el liberal librepensador se dan cuenta. Beto Ortiz no. Beto Ortiz ha escrito hoy que prohibir al personaje de la Paisana Jacinta de Jorge Benavides sería como prohibir al Paco Yunque de Vallejo. Beto Ortiz no tiene la más remota idea de la diferencia que existe entre, por un lado, como Vallejo, exhibir y denunciar una deformidad de la sociedad y, por otro lado, como Benavides, contribuir a la repetición infinita de esa deformidad mediante la caricatura de las personas más habitualmente maltratadas en nuestra sociedad.

Paco Yunque no es un estereotipo pero sí ha engendrado una larga tradición de personajes que son parientes suyos en la literatura peruana. Para sorpresa de Beto Ortiz, esa genealogía no está formada por “cholitos víctimas”, sino por personajes de distintas clases sociales y orígenes étnicos, niños y adolescentes secuestrados por un orden social mucho más fuerte que ellos. Quien haya leído el cuento “Interior L” de Ribeyro, sabe que Ribeyro ha contribuido a esa genealogía con la historia de la chica sexualmente abusada que no tiene otro recurso que ceder al abuso para sobrevivir. Quien haya leído el cuento “Con Jimmy en Paracas” de Alfredo Bryce, sabe que Bryce también está en esa genealogía, con la historia del muchachito sacrificado por su propio padre, atrapado en la cueva oscura de las jerarquías sociales. Quien haya leído La ciudad y los perros sabe quién es Ricardo Arana, el Esclavo, y cómo su muerte es el producto natural de una sociedad vertical donde unos nacen para perder porque sólo así se mantiene la estructura.

Como dije al principio, para ser un buen escritor primero hay que ser un buen lector. Por eso Borges decía que estaba más orgulloso de los libros que había leído que de los libros que había escrito. Otra cosa que hay que tener para ser un buen escritor es empatía. Empatía con los que ocupan otro lugar en la sociedad, sobre todo con quienes ocupan un lugar radicalmente marginal. Para entender Paco Yunque hay que ser empático, claramente, porque Paco Yunque es un personaje distinto de la inmensa mayoría de quienes pueden leer un cuento en el Perú: es una criatura de algún lugar de alguna provincia peruana a principios del siglo pasado, donde una corporación inglesa rige la vida económica y política del pueblo; es un explotado y es un niño abusado; de grande será un adulto con la memoria del abuso que sufrió y que probablemente seguirá sufriendo. No es un pusilánime: es un oprimido. No es un estereotipo: es una realidad de su tiempo que sigue siendo real en nuestro tiempo, excepto, quizás, porque en nuestro tiempo Paco Yunque no tendrá nunca una carpeta en el mismo salón de clases que sus patrones. Quienes lean Paco Yunque de niños y lo entiendan, lo comprendan de verdad, sepan de qué habla, de grandes recordarán la lección y no repetirán el abuso. Beto Ortiz, como es claro, no entendió eso jamás.

Fuente:

La Mula

domingo, marzo 16, 2014

205. Los últimos iskonawas

Ya casi nadie habla el idioma iskonawa: solo cinco ancianos, dos de ellos sordos. Cuando mueran, con ellos se extinguirán sus canciones, sus cuentos, sus piropos, su forma de pensar, todo. Será el fin de su mundo. Esta es la historia final del pueblo iskonawa y de cómo un puñado de personas en Ucayali está intentando rescatarlo de las cenizas.
Publicado el diario La Républica el 24 de febrero e 2014
 
Texto: Marco Sifuentes / INFOS  
 
Fotografía: José Vidal



EN EL INICIO DE LOS TIEMPOS, el páucar asesinó a todos los jóvenes que se le acercaban, disparando las plumas de su cola como flechas.



—¡Chiseketereeee! —decía acribillando a decenas de jóvenes desnudos, que caían muertos al pie de su árbol, un gigantesco árbol de maní—. ¡Ashpaketereeeee!



Cuando ya no quedaba casi nadie vivo, se acercó un anciano hechicero al árbol gigantesco. El páucar lo miró un rato con sus ojos azules y luego le apuntó con la cola negra y amarilla.



—¡No me matas! —gritó el anciano, llamado Hanobo—. Solo quiero tu maní.



El páucar, agradecido de que por fin alguien se dignara a hablar con él, no solo dejó que el hechicero y su gente recolectaran el maní. Además, les enseñó a sembrar, a cocinar sus alimentos y a preparar la uma (un especie de chicha de maíz fermentado y plátano maduro).



Desde ese día, la gente de Hanobo se llamó a sí misma “iskobakebo”, que significa “Hijos del Páucar”.



Ahora, las tres últimas descendientes de Hanobo llaman a su pueblo “iskonawa” (algunos escriben isconahuas). “Isko” es páucar y “nawa” es foráneo, extranjero o, quizás, exiliado. 



Pero de ellas y su exilio hablaremos más adelante.



Todavía estamos en el inicio de los tiempos y los Hijos del Páucar acaban de conocer la agricultura y la cocción. A diferencia de sus vecinos, los shipibos, que son ribereños y que por eso tuvieron contacto rápido con la cultura occidental, los iskonawa se adentraron más al monte. No pescan; esa es una costumbre shipiba. Lo que más les gusta a los iskonawas es el sajino trozado y ahumado.



(Eso sí, antes de cazarlo, le piden permiso a su yushin, su espíritu, tal como se los enseñó el páucar.)



Los shipibos y los iskonawas hablan idiomas parecidos pero distintos. Como el español y el portugués. No son dialectos, son lenguas de la familia lingüística pano, extendida entre las cuencas amazónicas de los ríos Ucayali y Madre de Dios.



El iskonawa es un idioma musical, lleno de verbos que son, en realidad, onomatopeyas. Esto, en teoría, evidenciaría una lengua poco abstracta. Sin embargo, también es bastante compleja: tiene hasta siete formas de conjugar el verbo en pasado (en español solo hay dos).



Por ejemplo, tendrían una forma distinta para conjugar los verbos del siguiente párrafo:



HACE MUCHO, MUCHO TIEMPO, los iskonawas eran cientos, quizás miles. Pero un día decidieron cruzar un río. Mala idea.



Quizás por un momento se olvidaron de las lecciones del páucar y no pidieron permiso al río. Estaban a medio camino cuando, de pronto, una shushupe gigantesca, una víbora con un lomo como serrucho, tsaass tsaass tsaass y cortó los puentes que habían tendido. Los maderos cayeron res res res al agua.



Un grupo había cruzado y el otro, no. Los Hijos del Páucar fueron separados.



—Ahora somos enemigos —se dijeron de una orilla a la otra—. Cuando yo te vea, te voy a matar. Y cuando tú me veas, me vas a matar.



Los que cruzaron el río siguieron rumbo hacia lo que no sabían que (o quizás todavía no) era la frontera con Brasil, hacia lo que ahora es el norte de la Zona Reservada Sierra del Divisor.



En los últimos meses, la ONG Pronaturaleza y la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental han emprendido una campaña para convertir a la Sierra del Divisor en un Parque Nacional, la máxima categoría de protección ambiental posible. Un comité del gobierno deberá tomar una decisión en julio de este año.



Buena parte de la zona reservada ya está lotizada a madereros, mineros y a la petrolera colombiana Pacific Rubiales. Ascenderla a Parque Nacional podría salvar a la reserva de la depredación total.



Se dice que los iskonawas que viven en la Sierra del Divisor son “no contactados”, pero eso es un error. Hay reportes, que datan desde 1690 pero son más frecuentes en el siglo XX, de múltiples contactos con este pueblo. El patrón es el mismo: violencia. Asesinatos, robos, violaciones, esclavitud. No es sorprendente que su situación exacta sea, más bien, “en aislamiento voluntario”. Lejos de nosotros.



Pero los que se quedaron de este lado del río no pudieron mantenerse aislados.



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La República

sábado, marzo 15, 2014

206. Indígenas de América del Norte y Siberia hablaban el mismo idioma

La relación genética de los nativos de América del Norte y los pueblos indígenas de la Siberia rusa ya fue establecida por los científicos. Ahora un nuevo estudio afirma que también existe una conexión lingüística entre ellos.





Un equipo de investigadores de la universidad de Georgetown, Washington D. C., llegó a la conclusión de que los indígenas de América de Norte y los pueblos que habitaron en tiempos antiguos Siberia central hablaban la misma lengua, informa 'Daily Mail'.


Los científicos utilizaron el método de la filogenética lingüística, la cual ayudó a establecer una conexión directa entre las lenguas na-dené, difundidas entre los indígenas de América del Norte, y las lenguas yeniseicas, un grupo de lenguas en peligro de extinción de los pueblos de Siberia central.

La investigación también hizo más claras las rutas de migración de los pueblos desde Asia central hasta América del Norte, la cual tuvo lugar hace aproximadamente 13.000 años. "Tal vez no fue un viaje solo de ida, algunos regresaban a Siberia conservando su lengua", supusieron los autores del estudio.

En 2012 los científicos gracias a una investigación genética revelaron las similitudes entre los norteamericanos y los residentes de la república rusa de Altái a nivel de ADN. El reciente descubrimiento lingüístico ha servido de sólido argumento que corrobora la teoría de migración de los habitantes de Siberia a América del Norte durante una fase de glaciación mundial, cuando el llamado puente de Beringia (una faja de tierra firme) unía los dos continentes.

Fuente:

Actualidad RT