martes, septiembre 22, 2009

142. Objetos de escritorio

142. Objeto de escritorio

Se sabe que muchos pueblos antiguos, entre ellos los romanos, escribían sobre tablillas de arcilla o tablas enceradas, practicando en ellas incisiones con un punzón que se llamaba stilus. De esta palabra de derivan, por ejemplo, estilete –puñal de hoja estrecha y aguda–, y también estilo, referido a la manera en que se escribe y que distingue a unos autores de otros.

Cuando siglos más tarde Lewis Waterman patentó la pluma fuente –fountain pen, en inglés–, dado que la tinta fluía de modo continuo, se la llamó estilográfica, combinando el viejo stilus latino y graphos, palabra griega que significa escribir.

De graphos surgió también bolígrafo, ya que tiene una bola que deja salir la tinta, y esferógrafo. Sin embargo, en varios países hispanoamericanos –Argentina, Paraguay, Uruguay– a los bolígrafos se les llama birome, gracias a Ladislao Biro, quien patentó un modelo rudimentario en 1938 y fabricó los primeros bolígrafos en Argentina, a mediados de los años 40.

El bolígrafo o birome se llama lápiz pasta en México, donde también se le denomina pluma atómica; en Bolivia, puntabola –en femenino, la puntabola, calcado del inglés ballpoint–; boli, en España; esfero, en Colombia y Ecuador, y lapicero, en Honduras y Costa Rica. Lápiz o lapicero, del latín lapis –piedra–, define una barra de grafito forrada de madera. El grafito es un mineral que se descubrió en 1564 y al que originariamente se llamó plombagina, por ser de un color y consistencia parecida al plomo, aunque enseguida cambió su nombre por grafito, de graphos, ya que casi desde el principio fue utilizado para escribir.

Por cierto que el femenino, lapicera, se emplea en diversos países para definir distintos objetos de escritura. En Argentina es pluma, en Uruguay bolígrafo y en otros lugares portaplumas, la caja o vaso que las contiene o donde se guardan, y que en España se llama plumero.

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