miércoles, septiembre 06, 2006

4. La Práctica Construye Conexiones Cerebrales Para el Aprendizaje del Habla en los Bebés

4. La Práctica Construye Conexiones Cerebrales Para el Aprendizaje del Habla en los Bebés

Neurología

18 de Agosto de 2006.

La experiencia es a menudo la mejor profesora, y además parece ejercer, desde poco después del nacimiento, un papel importante en cómo los bebés aprenden a entender el habla y a producirla. Utilizando una nueva tecnología capaz de medir el campo magnético generado por la activación de neuronas en el cerebro, unos investigadores le han seguido la pista a lo que parece ser un vínculo entre las áreas del habla y de la audición en el cerebro de los recién nacidos, los niños de 6 meses, y los de un año, antes de que puedan hablar.

El estudio ha sido llevado a cabo por Toshiaki Imada y Patricia Kuhl, del Instituto para las Ciencias del Cerebro y del Aprendizaje, en la Universidad de Washington. Y demuestra que el área de Broca, ubicada en la parte frontal del hemisferio izquierdo del cerebro, se activa gradualmente durante el primer año de vida de un bebé.

El área de Broca fue identificada hace mucho tiempo como el centro de producción del habla, y, recientemente, como la responsable del aprendizaje social, desempeñando un papel esencial en el lenguaje y la lectura.

La magnetoencefalografía es una técnica no invasiva y sirve para medir el campo magnético generado por las neuronas en el cerebro como respuesta a la información sensorial que llega del exterior.

Se sabe desde hace mucho tiempo que existe un vínculo en el cerebro adulto entre las áreas responsables de la comprensión auditiva y las responsables del lenguaje hablado. Ese vínculo permite a los niños imitar los patrones del habla que escuchan cuando son muy pequeños.

Los autores de este nuevo estudio piensan que la conexión entre la percepción y la generación del habla se forma con la experiencia, y están intentando determinar cuándo y cómo los bebés lo logran.

El estudio incluyó 43 niños en Finlandia: 18 recién nacidos, 17 de 6 meses y 8 de un año. El hardware y el software especialmente desarrollados para este estudio permitieron monitorizar la actividad cerebral de los niños, incluso si se movían, y, además, detectaban la actividad cerebral con una precisión de milisegundos.

Los investigadores piensan que en su desarrollo inicial los bebés necesitan jugar con sonidos, de la misma forma que juegan con sus manos. Eso les ayuda a desarrollar un esquema en el que establecen la relación entre los sonidos y los movimientos de su boca y su lengua. Para dominar sus habilidades, los bebés tienen que jugar y practicar tal y como lo harán más tarde para aprender a lanzar una pelota o a montar en bicicleta. Los bebés forman las conexiones cerebrales escuchándose a sí mismos, y vinculando lo que oyen con lo que hicieron para producir el sonido. Más tarde, utilizarán esta habilidad para imitar a las personas que oyen hablar a su alrededor.

TOMADO DE "NOTICIAS DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA"

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