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jueves, septiembre 19, 2013

197. "Para estar bien informado sólo se necesita una laptop y una tarjeta de crédito"





The New Yorker es un templo del buen periodismo que navega más o menos indemne por la crisis económica y de talento que está asolando al sector. Incluso en momentos económicos muy duros, The New Yorker es una revista rentable y la estrategia de Remnick es prosperar en la edad de internet con inversiones en contenidos y distribución —web, iPdads, etc— y continuar invirtiendo mucho en lo más importante: la escritura, la edición, el fact checking, como siempre lo ha hecho. Su célebre facts checker, el departamento que comprueba la veracidad y el rigor de todo lo escrito, incluidas las comillas de los entrevistados, sigue incólume y se extiende a la web. David Remnick es su director desde hace 15 años. Aunque anda más cerca de los 55 que de los 54 parece joven, apenas tiene canas, viste sin corbata. Fue periodista del The Washington Post y corresponsal en Moscú. Le tocó enterrar el comunismo. Al entrar en la revista, situada en el número cuatro de Times Square, me crucé con el nobel de literatura, Wole Soyinka, que salía de entregar algún texto o de discutir el siguiente. Son situaciones extraordinarias. Remnick tiene un despacho entre rascacielos, lleno de luz, sin boato.

Todo empezó hace semanas con un correo y una petición de entrevista. Hubo varios intercambios sin que se concretara nada. Una mañana de finales de julio, cuando ya me encontraba en Nueva York, le escribí un último mensaje a la desesperada. Respondió enseguida: «¿Puedes hoy a las 2.30 pm?». No arrancó bien la reunión. Le molestó que no le advirtiera de la presencia de un fotógrafo, pero se había estudiado mi biografía y la web de Jot Down. Le gusta tener controladas las situaciones. Tras unas fotos de urgencia, solos alrededor de una mesa y unas botellas de agua, Remnick se relajó. Nadie interrumpió durante casi 50 minutos. Sonó su teléfono móvil, pero no lo cogió. 

Todo el mundo está hablando del final del periodismo, ¿cuál es su opinión? ¿Cree que nos acercamos a ese final o es algo que solo afectará a algunas empresas del sector que van a desaparecer?

(Tras una exclamación y una sonora carcajada) Bueno, resulta casi indecente hablar con alguien que ha pasado por lo que has pasado y decir «no, el periodismo no va a desaparecer». Pero es que realmente creo que esa es la verdad. ¡Por supuesto que no va a desaparecer! El periodismo es una actividad humana muy antigua y esencial. Sin él estamos perdidos, realmente perdidos. Quizá el New York Times es imperfecto, The New Yorker es imperfecto, las principales instituciones del sector son radicalmente imperfectas, pero sin ellas estamos perdidos. ¿Por qué? Porque sin periodismo no hay presión sobre el poder; esa presión quedaría reducida a las citas electorales y en ese caso, sin periodismo, las campañas electorales serían… aún más grises de lo que son. Creo que eso es lo que se exige, lo que se nos exige a nosotros, los periodistas.

Estamos atravesando un periodo marcado por un enorme cambio tecnológico, tectónico. Como ocurre en cada cambio económico y tecnológico las consecuencias positivas vienen acompañadas de involuntarias consecuencias negativas. En algunos aspectos el periodismo actual es mejor y en otros es peor. Es evidente. Es mejor porque su distribución y el acceso a la información son inmediatos. Si quiero leer miles de cosas inmediatamente, puedo hacerlo. Es el tiempo del ahora. 

Mis habilidades como periodista se han visto reforzadas por la tecnología. Cuando tú y yo éramos jóvenes y enviábamos los textos desde el terreno, era imposible hacerlo desde el lugar exacto de un terremoto en Armenia, desde Turkmenistán o desde cualquiera de los numerosos lugares en los que has estado. ¡Era imposible, impensable! Tomabas notas y regresabas a la capital, lo redactabas y… Ahora todo es… (chasquea los dedos en señal de inmediatez). No hay excusa, no existe una excusa tecnológica para no estar en todas partes. Podríamos seguir hablando sobre este tema durante horas y aburrir a todo el mundo. Lo que quiero decir es que no, no creo que estemos ante el fin del periodismo, pero evidentemente las involuntarias consecuencias del cambio son brutales. 

Por ejemplo, mi carrera empezó de la mejor forma posible: fui contratado por The Washington Post cuando aún era muy joven. Fue como una bendición. Yo tenía veintipocos años, era 1981-1982, y el Washington Post era… ¡Deberías habernos visto! Era la era post-Watergate, ganábamos mucho dinero y el negocio publicitario era muy rentable. Todos querían colaborar con nosotros. Contábamos con fondos para cualquier tipo de reportaje nacional o internacional, para todo tipo de proyectos. Ahora mismo, rezo por su supervivencia. ¡Su supervivencia! Y es The Washington Post, no cualquier periódico provincial como The Sacramento Bee o The San Jose Mercury News. Es una institución esencial. Eres español. Todos conocemos la reputación internacional de El País. Haciendo un paralelismo con el ejemplo anterior, si nos planteamos que El País puede estar en peligro, ¿en qué situación quedaría España en términos de calidad informativa y de periodismo? Como he comentado anteriormente, al final todo se reduce a la necesidad de que alguien ejerza una presión sobre el poder. 

David Remnick 4

Estamos en medio de esta situación de incertidumbre, muchos la achacan a la crisis. Es evidente que hemos cometido muchos errores, especialmente al intentar comprender el funcionamiento de la información y el periodismo en internet. 

Todo eso es cierto y es fácil de verlo desde el espejo retrovisor. Es fácil mirar atrás y decir «deberíamos haber hecho esto o aquello», pero si lo miras en tiempo real algunos de los llamados «errores» eran muy complicados de identificar. Por ejemplo, todo el mundo critica a The Washington Post por no haber comprado Politico.com. Podría dar mi opinión sobre Politico y su forma de informar. Pero no estamos hablando de eso. The Washington Post ya contaba con una página web y con una sección dedicada a la política en la que se hicieron importantes inversiones. No creo que comprar Politico.com hubiera resuelto el problema. Comprendo perfectamente por qué Donald Graham tomó tal decisión, aunque fuera errónea. Además, no creo que la compra hubiera solucionado la situación. Podría haber ayudado a la publicación, pero no habría solucionado completamente el problema de la crisis. Lo siento, pero ¿está Politico ganando mucho dinero? ¡No! ¿Y el Huffington Post? Tampoco. Muchas de las esas publicaciones que tienen una gran reputación y han alcanzado éxito en internet tampoco están ganando dinero.

Continuando con el asunto de la relación entre el periodismo digital y en papel, ¿cómo podríamos convencer a la gente de que internet no es suficiente?

En este punto discrepo contigo. En mi opinión internet no es más que una herramienta, un medio de distribución. Y es un sistema radicalmente más efectivo que la distribución de lo impreso en papel.

Pero hay gente que puede tener la impresión de estar al corriente de todo lo que pasa solo con un click.

Es que pueden: si compran productos en internet. En otras palabras, The New York Times no puede ser gratuito; no tengo problema alguno con que la gente lea The New Yorker en internet. Tengo 54 años, tú tienes 58, y puede que lo prefiramos impreso por las mismas razones por las que la gente prefiere aquello a lo que está habituado. Yo prefiero un determinado tipo de bebidas, prefiero Bob Dylan al último éxito de hip-hop, pero es así porque tengo 54 años. Eso no tiene relevancia, solo son hábitos de un ser humano corriente. Creo que podemos estar muy bien informados solo con un portátil. Pero necesitas un portátil y una tarjeta de crédito, porque todo no puede ser gratuito.

Lea el artículo completo en:

JotDown
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domingo, marzo 15, 2009

136. Entrevista a Inger Enkvist

136. Entrevista a Inger Enkvist

La lingûistica y pedagofa sueca nos habla de todo: de la redacción, de los conocimientos desestructurados, del periodismo, de la crisis literaria...

Entrevista con Inger Enkvist
Inger es una mujer seria, rigurosa, que habla con gran precisión. Se expresa en un español rico, brillante, que muchos españoles envidiarían. La conocí en una mesa redonda en torno a Juan Goytisolo y bastaron dos o tres comentarios entre las dos sobre lo que allí se decía y un par de miradas para comprender que ambas pensábamos lo mismo: estábamos ante un fenómeno muy similar al de las sectas. Posteriormente, tuve ocasión de leer algunos de sus trabajos sobre Goytisolo y comprender que sus críticas estaban magistralmente razonadas y expuestas con gran rigor intelectual. Más adelante sus investigaciones sobre la cultura española e hispanoamericana la trajeron en más de una ocasión a Madrid y aquí tuvimos ocasión de hablar largo y tendido sobre sus investigaciones en el terreno de la pedagogía. Las cosas que me contó sobre la situación educativa en Suecia, sobre el fracaso de la ideología permisiva en la que ellos fueron pioneros, me parecieron merecedoras de ser publicadas. La entrevista que transcribo a continuación es el resultado de varias horas de charla sobre todas esas materias.




P. ¿Cuáles son sus líneas principales de investigación?

R. Mi línea de investigación va dirigida hacia el escrutinio de la idea de pensamiento en el campo de la cultura, pero lo que más he trabajado han sido los campos de la literatura y la pedagogía. Ambos campos me han llevado a plantearme el pensamiento en sí mismo, el pensamiento racional, que aunque parece una tautología no lo es porque muchas ideas y argumentaciones en realidad no son tales, sino ideas deshilvanadas, intuiciones, imágenes, metáforas sin una relación concreta con el mundo real.

P. ¿ Qué le ha llevado a esto?

R. Lo que me ha llevado a esto es la crítica contra algunos métodos generalmente aceptados sobre la educación en todos los países occidentales, una de esas ideas es la que se suele llamar la "autonomía del alumno" con la que se pretende desarrollar la independencia del alumno en el nivel del pensamiento y de la adquisición de conocimientos. En realidad, lo que se busca muchas veces es quitarle importancia a la relación entre el alumno y el profesor, pero una de las consecuencias es que el alumno supuestamente tiene que pasar por todo el desarrollo de la humanidad él solo, lo cual es imposible. Todo esto se ha puesto en marcha con la idea de que el alumno pueda integrar mejor las ideas que él mismo encuentra. Lo que ha sucedido en realidad es que casi siempre, en los colegios e institutos, el alumno se dedica a tareas bastante mecánicas porque son las únicas que puede realizar sin la ayuda del profesor y todo esto va en detrimento del desarrollo del pensamiento. Esto está basado en la idea romántica del ser humano, procedente de Rousseau, y tiene que ver con la idea de que las personas son buenas en sí mismas y se estropean por la formación de los maestros, en una palabra, por la cultura. Se piensa que si se deja en paz al niño o al joven, podrá desarrollarse por sí mismo y llegará a ser una persona más creativa que si está sujeto a una formación controlada o supervisada. Otra idea que coincide en el tiempo con la moda de la autonomía del alumno es la insistencia en la importancia de la tecnología en la educación. La tecnología ha sido presentada por parte de los políticos como una modernización, como una manera de preparar al alumno para el mercado laboral y para dar una ventaja al país en la competición con otros países, pero cuando se juntan las dos ideas -la de la tecnología y la de la autonomía del alumno- hay efectos perversos porque se utiliza para que el alumno busque por sí solo materiales en Internet en vez de proporcionarle un manual escrito por un especialista en la materia. De esta manera se elimina la posibilidad de trabajar el pensamiento en clase. También la posibilidad de la discusión en grupo, puesto que cada cual trabaja en su pantalla, y si todos son autónomos y trabajan en campos diferentes tampoco tienen una base en común que pueda hacer interesante una discusión. Se supone, además, que el alumno va a poder encontrar un material interesante sobre algo que todavía no conoce. En una palabra se supone que cualquier alumno, sin preparación alguna, sin madurez, sin disciplina, es un autor de manual en potencia.

P. ¿Por qué cree que se ha llevado a la práctica esta utopía?

R. Está relacionado con el debate, en pedagogía, entre cantidad y calidad, es decir, con la democratización de los sistemas escolares en todo Occidente a partir de la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo a partir de los años setenta. Todos los países estaban frente a dos fórmulas posibles para democratizar la enseñanza. Una hubiera sido aumentar las plazas en la enseñanza secundaria y aumentar también el número de ofertas educacionales para jóvenes. La otra solución es intentar uniformizar la enseñanza y ofrecer un solo marco para todos los alumnos. Es decir, la escuela comprensiva pero a la vez, para que no estalle, hay que prever cierta libertad dentro de este marco y ahí es donde se explica la moda de la autonomía del alumno y de la tecnología como modos de resolver aparentemente esa contradicción entre la diferencia entre los individuos y la uniformización de la oferta escolar. Todo esto viene combinado con otras dos tendencias actuales; la primera podría ser el posmodernismo en el sentido de una insistencia en lo lúdico, lo fácil, lo placentero, lo hedonista. Es decir, se le dice al niño que aprender siempre tiene que ser divertido y si esto se combina con la autonomía, también se le dice que debe poder elegir en cada momento si quiere o no realizar cierta tarea escolar.

P. ¿Y cuáles son las consecuencias?

R. Esto ha llevado a lo que algunos llaman el infantilismo en la educación. En vez de preparar al niño y al joven para la vida adulta, se le invita a estar siempre jugando y satisfecho de sí mismo. Otra tendencia posmoderna muy negativa para el desarrollo intelectual del joven es la aceptación de la fragmentación, que va unida a la autonomía del alumno y a la tecnología. Si al alumno no se le pide que estructure, que desarrolle una idea, que repase y que memorice, pues todo queda en el instante. El rendimiento escolar es dar cuenta de lo que ha hecho un alumno previamente.

P. O sea, que es un desastre

R. Para acabar de rematarlo hay otra tendencia actual que consiste en el mal llamado multiculturalismo, que no pretende fomentar el aprendizaje de la cultura en el niño como el nombre puede dar a entender. A comienzos del siglo XX hubo dentro del arte una corriente llamada primitivismo (Picasso admirando las esculturas de África negra) y esa idea está relacionada con la idea romántica del ser humano. Ahora, a finales del siglo XX, esta idea ha reaparecido como un interés por las culturas primitivas, muchas veces representadas en los países occidentales por los inmigrantes, y a esta idea se le llama multiculturalismo, pero en general el término no se extiende al interés por la cultura del alumno occidental. Tampoco al interés y al conocimiento de otras culturas occidentales como podría ser la francesa, la alemana, la inglesa. Así que el multiculturalismo -entendido en el marco de la educación- y combinado con las ideas que he expresado antes, ha venido a apoyar más la fragmentación porque se ha visto como una aceptación del hecho de que el joven no llegue a tener nunca conocimientos estructurados de la lengua, cultura, geografía, literatura, música y pintura de su país. Ha llevado a un picotear ecléctico, no estructurado. El resultado de este tipo de actividad consiste en saber bastantes cosas pero sin conexión entre sí y que apenas podrán ayudar a desarrollar un pensamiento racional.

P. ¿Y...?

R. Pues que en la enseñanza, en la escuela, con la implantación de estas nuevas tendencias se ha perdido el desarrollo sistemático del pensamiento en los jóvenes. Para desarrollar conceptos e ideas hace falta una labor metódica que tradicionalmente se ha llevado a cabo como "viajes guiados" de la mano de la maestra o del profesor.

P. ¿Siguen en Suecia tan entusiasmados con la escuela permisiva?

R. Yo diría que no, que cada vez hay más profesores espantados con los resultados y el descenso del nivel intelectual con relación a hace veinte e incluso diez años.

P. ¿Alguna propuesta para solucionarlo?

R. Hasta ahora no se ha hecho mucho porque la gente ha tenido miedo a hacer público su descontento. La aceptación oficial de estas teorías pedagógicas ha sido tan total que un profesor aislado pocas veces ha tenido valor para enfrentarse al restablecimiento pedagógico oficial.

P. ¿Se aceptan esos resultados como negativos o como un cambio social favorable?

R. La voz de alarma viene actualmente de parte de algunos profesores valientes pero el gobierno hasta ahora se desentiende de la situación y descarta las críticas por la fuerte carga ideológica, supuestamente democrática, que tienen esas ideas, aunque en realidad son antidemocráticas ya que un joven de una familia sin tradición de estudios ya no encuentra en la escuela estímulos para superar su atonía intelectual, como fue hasta hace poco, al menos en Suecia. Esto es particularmente doloroso en un país como Suecia que se ha enorgullecido de permitir la movilidad social a través del sistema educativo. Este freno a dicha movilidad bastaría para intentar solucionar estos problemas.

P. ¿Qué otros efectos negativos tiene el actual sistema pedagógico?

R. Las tendencias descritas también llevan consigo que el alumno no desarrolle su lengua nativa como antes ya que ha disminuido mucho la lectura como actividad y la discusión en grupo, que combina el pensamiento y el desarrollo del lenguaje del alumno, siempre bajo el modelo de un profesor que le haga superar las trabas. Otra consecuencia negativa es que la socialización del joven ya no se hace como antes, cuando era necesaria la autodisciplina desarrollada por el alumno en clase para realizar su trabajo escolar. Esto también le daba una plataforma para todas las actividades de su vida fuera del colegio, ya que un joven que únicamente oye que se debe divertir, que todo tiene que ser divertido, y que tiene derecho a comportarse en cualquier momento según su capricho -que es adonde lleva la "autonomía del alumno" transferida a otra área- ese alumno no se comporta como ciudadano responsable cuando sale a la calle. Por eso los cambios que ha sufrido la educación escolar están teniendo consecuencias sociales muy graves en todos los países en los que se ha implantado ese modelo.

P. En particular sobre la vida cultural y las comunicaciones.

R. Es un tema muy amplio. Podríamos empezar con algunos ejemplos en el periodismo y en el pensamiento científico. Por ejemplo, en la tendencia a utilizar citas sin cuestionarlas. En periodismo se repiten las declaraciones de alguien fuera de contexto y sin que el periodista cuestione el porqué de esas declaraciones. El periodista, sin quererlo, corre el riesgo de publicar una información interesada y hasta podría contribuir a la desinformación del público. Estoy pensando en casos como la investigación médica. Cuando los investigadores se ponen en contacto con los periodistas para adquirir cierta notoriedad y proporcionan información fragmentada, éstos últimos se amparan en la literalidad de lo dicho por el investigador con la idea de hacerla más objetiva, pero en realidad esa "literalidad" conduce a una mayor confusión en el receptor del mensaje, que se ve "obligado" a interpretarlo por sí mismo y si carece de las estructuras mentales adecuadas para hacerlo, corre el riesgo de interpretar como resultado absoluto un dato parcial. Todos nos reímos ahora de los resultados sensacionales de la investigación médica que nos condena a prescindir de un alimento durante una semana para recomendarlo encarecidamente a la siguiente.

P. Pero es lo que ocurre siempre y esta tendencia va en aumento

R. Muchas veces el investigador o el periodista solamente mencionan datos sin que se desprenda bien si son argumentos a favor o en contra. En casos así el lector pierde el hilo y es dudoso que el texto aporte realmente un pensamiento. En una buena argumentación el lector debe poder distinguir entre lo que son argumentos a favor o en contra de la tesis expuesta o en discusión. Los lectores se han acostumbrado tanto a la ausencia de estructura y de pensamiento que muchos ya no reaccionan y aceptan exposiciones que son una mera enumeración de datos, como si un dato fuera valioso en sí. Este fenómeno está claramente relacionado con la valoración excesiva de la información sacada de Internet, hasta el punto de que si alguien ofrece una información interpretativa relacionada con una estructura de pensamiento, puede ser recibido como una apreciación subjetiva.

P. ¿Qué propondría usted para remediarlo?

R. La propuesta que yo veo va dirigida sobre todo al nivel de enseñanza equivalente al ESO español. Hay que tener opciones claramente diferenciadas para que el alumno vuelva a sentir los estudios como un reto. También hay que instaurar umbrales para acceder a los diferentes ciclos. Antes de acceder a un nivel superior hay que tener ciertos conocimientos. No se trata de castigar al alumno sino de estimularlo. Este tipo de umbrales han sido suprimidos porque no se consideraban democráticos, pero lo que se ha conseguido es que el alumno llegue a un nivel en el que no tiene posibilidad de realizar tareas. Ya sabemos por experiencia que es contraproducente, que un niño que no ha aprendido bien tiene tendencia a abandonar los estudios, a hacer pellas y que así está asegurado el fracaso escolar que a su vez lleva al fracaso vital, no sólo laboral sino moral de la persona. Así que este sistema está condenando a los jóvenes sin adecuado apoyo familiar al fracaso, en nombre de la democracia. A la vez de que es un grave problema para la sociedad. Esto se le achaca a la globalización, que no tiene nada que ver con este asunto. Otra propuesta sería la oferta de estudios que permita corresponder a las necesidades e intereses de los jóvenes. Es directamente cruel que la sociedad no les ofrezca nada que corresponda a sus posibilidades.

P. ¿Por qué cree usted que han sido aceptadas esas tendencias en la pedagogía?

R. Porque la pedagogía se ha presentado ante la sociedad como una ciencia y los que han propuesto esas nuevas modas lo han hecho como si fueran verdades absolutas y probadas, cuando en realidad no hay prueba alguna y precisamente los malos resultados en pedagogía nos muestran que no es así. Es muy notable también que hayamos pasado de tener exámenes o reválidas para evaluar la calidad de la enseñanza y que cada vez nos contentemos más con evaluaciones subjetivas. Nos preguntamos si el alumno está contento o hablamos de proceso de aprendizaje. Es decir, que si hay progreso juzgamos que eso es suficiente. Esto sólo es un ejemplo de cómo algunas disciplinas que pasan por científicas no lo son tanto, que la búsqueda de la objetividad no prima siempre. Para hablar de algunas concepciones erróneas sobre lo que es lo científico se podría mencionar que mucha gente cree que lo escrito es más científico que lo no escrito, lo cual sería una concepción mágica de lo científico. Hay muchos otros que piensan que para que algo sea científico hay que dar tanto peso a lo negativo como a lo positivo. Por ejemplo, al hablar de la antigua Unión Soviética. Es muy sabido que durante algún tiempo ningún intelectual occidental criticaba algo de la URSS sin elogiar inmediatamente otro rasgo o sin mencionar algún rasgo negativo en Occidente. Está claro que no es así, lo científico o lo objetivo es contar tanto lo que es bueno como lo que es malo en las proporciones que correspondan a la realidad. Y hablando de la información, la noción de objetividad y racionalidad se está perdiendo en el mundo del pensamiento y de los conocimientos y lo que se enfatiza es la noción de información inmediata y casi con fecha de caducidad. Esto se refleja muy bien en la crítica literaria.

Lea el artículo completo en:

La Ilustración Liberal
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martes, enero 13, 2009

133. Van Dijk: La libertad de prensa es una libertad de élites

131. “La libertad de prensa es una libertad de élites”

El profesor catedrático de la Universidad de Ámsterdam Teun A. Van Dijk, considerado
uno de los precursores y de los máximos exponentes del Análisis Crítico del Discurso,
nos invita a reflexionar y a desvelar el compromiso de los medios de comunicación con la
sociedad, desde una visión desmitificadora y de denuncia.

Cuando se le pide una definición del Análisis Crítico del Discurso (ACD) acostumbra a
subrayar que no es una metodología, sino una posición ante el discurso para
desenmascarar los abusos de poder. Pero, ¿en el abuso de poder no hay connivencia con
la mentalidad, con los prejuicios del lector? ¿Cómo actúa sobre las mentalidades la
empresa periodística o el periodista concreto cuando canalizan el discurso?

Lea el artículo comleto (PDF):

La libertad de prensa es una libertad de élites
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sábado, enero 05, 2008

92. Libro: Periodismo 2.0.

Imagen Thumbnail para Imagen Thumbnail para periodismo2.0.jpgThe Knight Center for Journalism in the Americas de la Universidad de Texas (Austin) acaba de lanzar en Internet la versión en español del libro "Periodismo 2.0: Cómo sobrevivir y prosperar. Una guía digital para la era de la información. La obra fue lanzada hace unos meses por el periodista estadounidense Mark Briggs. Ahora tenemos la versión en español gracias a los aportes del colega colombiano Guillermo Franco, quien incluso ha escrito el prólogo. La guía, es una iniciativa del J-Lab y el Knight Citizen News Network y se concretó gracias al Instituto de Periodismo Interactivo de la Universidad de Maryland.

Libro imprescindible para conocer como las nuevas tecnologías están cambiando las formas de escribir y, por lo tanto, de leer, las noticias. ¿Qué espera? ¡Desacargue el libro ahora, es gratis!

Descargue la versión en español

Cortesía:

Vida & Futuro (El Comercio - Perú)
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