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sábado, diciembre 29, 2012

176. La longitud del libro durante el siglo XX


Los libros son un tema frecuente en mis reuniones familiares. Nos recomendamos lecturas, alabamos los libros que tenemos en un pedestal y nos entregamos a conversaciones recurrentes. Una de esas conversaciones es lo que me anima a escribir hoy: la discusión de si los libros han tendido a ser más largos con el pasar de los años.

La observación de partida, creo recordar que original de mi padre, es que los libros son más extensos de lo que solían. Especulamos con varias causas que expliquen la inflación de páginas, pero nuestro candidata favorita es una: el invento del procesador de texto. Nuestra hipótesis es que con la llegada del procesador de texto, escribir libros largos —revisarlos, releerlos y editarlos— fue de golpe mucho más sencillo.

De vez en cuando he tratado de localizar datos sobre este tema, pero nunca tuve éxito. Ahora, por fin, he conseguido los datos necesarios para matar nuestra curiosidad. Por muy trivial que sea un asunto —y éste lo es bastante—, a mi siempre me fascinan estas series largas. 

Figura libros

Nota: he procesado 1000 libros, eliminando repetidos y usando la fecha de su primera publicación (información difícil de encontrar). Incluyo medias móviles (±2 y ±4 años) para filtrar ruido, y sugiero cautela con datos previos a 1930 porque la muestra ahí es pequeña. Los datos los he tomado de LibraryThing, una red social de libros excelente, que además recopila y ofrece un montón de datos variados, desde ediciones a apariciones de personajes o lugares.

# Se observa una explosión de la extensión de los libros a partir de los años setenta: desde 1970 y hasta hoy los libros se han engordado 100 páginas, una tercera parte, pasando de 270 a 370 páginas de media. (En textos ingleses, que son alrededor de un 20% menos voluminosos que el español.)

# La correlación temporal con el advenimiento del procesador de texto es evidente; además de razonable. A partir de 1970 los libros tienden a ser más largos, el ‘engorde’ fue especialmente intenso durante los ochenta y adelante, aunque tiende a apagarse a partir de 1995. Esto coincide con los hitos de la historia del procesador de texto. Por supuesto, la correlación no es concluyente, pero informativa: la evidencia apoya nuestra tesis de que la popularización del procesador de textos quizás produjo una inflación en el número de páginas de los libros.

# El gráfico deja otras cuestiones abiertas: ¿las tendencias que se observan hasta 1960 son significativas? No está claro si hay efectos causados por las Guerras Mundiales o si la alfabetización tuvo consecuencias. Tampoco son evidentes los efectos de la máquina de escribir ni la aparición de alternativas de ocio. Hará falta una muestra mayor para sacar conclusiones, pero tengo otros 1000 libros anteriores a 1950 para indagar.

# Además me pregunto que ocurrirá con la novela y su extensión en la próxima década. Internet no parece haber tenido aún influencia, pero entiendo que la tendrá. Mi curiosidad, sobre todo, está en saber que pasará con los hábitos del lector: me pregunto si vamos a demandar textos breves, como son frecuentes en internet, si la novela mantendrá su formato, o si volverá la ficción por fascículos. Al mismo tiempo veremos que cambios provoca el libro electrónico al independizar el contenido de la tiranía del peso y el volumen.

Porque, en esencia, lo que observamos es que el libro apenas cambió en los últimos cien años: sigue siendo un texto escrito de unas 300 páginas. Esto sorprende porque en ese mismo periodo se han vivido verdaderas transformaciones: se generalizó la luz eléctrica, la alfabetización se hizo universal, el tiempo de ocio se multiplicó y surgieron alternativas a la lectura, como la radio, la televisión e internet. Sin embargo, el libro mantuvo su formato casi imperturbable durante todo el siglo XX.

Fuente:

Politikon 
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martes, septiembre 18, 2012

168. 7 consejos para leer en ebook sin dañar la vista

libro-electronicoLas editoriales aseguran que uno de los regalos estrella de estas navidades serán los lectores de libros electrónicos o e-books. Pero ¿puede ser dañino para la vista la utilización de estos lectores? Los nuevos terminales de lectura digital tienen pantallas de tinta electrónica (e-ink), que no emiten luz, por lo que son más suaves para la vista, prometiendo ser “de fácil lectura para nuestros ojos” e incluso aseguran que son de “igual apariencia y capacidad de lectura” que la de un libro convencional.

Según Anabel Ríos, Responsable de Desarrollo de Producto de Multiópticas, estos son los 7 consejos básicos a tener en cuenta para un uso saludable de los nuevos terminales.

1. No los use cuando se encuentre demasiado cansado
2. Utilice una iluminación uniforme evitando generar sombras y reflejos
3. Adecúe el tipo de letra para ver correctamente desde 30/45 cm de distancia
4. Evite la sequedad ocular mediante sencillos parpadeos
5. Realice pausas cada hora de relajación ocular
6. Gestione de forma inteligente su exposición global
7. No olvide realizar una revisión anual de su vista.

Fuente:

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miércoles, octubre 15, 2008

109. Nuevas Tendencias: Libros en el teléfono celular

109. Nuevas Tendencias: Libros en el teléfono celular

Entre los 10 libros más vendidos en Japón en 2007, cinco de ellos -incluidos los tres primeros de la lista- se basan en novelas celulares. Koizora, con dos millones de copias vendidas desde su publicación en papel en 2006, figura en esta lista. La industria del entretenimiento aprovecha también el filón: Koizora ha saltado al papel, al cine y a la televisión en forma de serie.

Las novelas descargadas en el teléfono saltan al papel en Japón - 25 millones han leído en pantalla 'Koizora', el último 'boom' - el fenómeno es lento en Europa, pero ¿estamos en puertas de una revolución?




La novela ha encontrado una forma nueva de vida en la era tecnológica. En Tokio, en la línea Ginza de metro, una mujer pulsa entusiasmada las teclas de su móvil. La pantalla del dispositivo es enorme -sobre todo si se compara con una europea-, y en el vagón reina un silencio total. No está escribiendo un SMS especialmente largo. Está redactando una novela. En Japón, más de 25 millones de personas han devorado el libro electrónico titulado Koizora (literalmente, Cielo de amor) en las pantallas de sus móviles. Koizora es una historia romántica escrita por una joven nipona cuyo nombre real se mantiene en el anonimato y que ha elegido llamarse igual que la protagonista del libro celular: Mika.

En Japón no se trata de un fenómeno nuevo. Los nipones suelen enloquecer con relatos que se descargan y se leen en terminales móviles desde el año 2000, cuando nació Mahou no iRando, una web con una idea que en un principio a muchos pudo parecer peregrina: crear un software para colgar en la Red novelas en construcción a través del teléfono.

Una estrategia nada casual si se tiene en cuenta que en Japón el 75% de los usuarios de móviles emplea su dispositivo para navegar por Internet, según un estudio del Wireless Watch Japan. La web Mahou no iRando, que permite a todos los cibernautas comentar las obras de otros usuarios, atrajo la atención de una sociedad que utiliza el móvil para todo: "Los japoneses lo usan para atender llamadas, para navegar por la Red, escuchar música, hacer fotos, grabar vídeos, jugar a videojuegos, aprender inglés, como monedero electrónico... Hasta reciben alertas en caso de terremoto", cuenta Ana M. Goy Yamamoto, doctora en Economía y Gestión Empresarial de Japón de la Universidad Autónoma de Madrid. El hábito de lectura en el suburbano responde también a una prohibición: en Japón no está permitido hablar por el móvil en el metro, así que el silencio invita a sumergirse en las historias que se narran en la pantalla.

La revolución digital de las keitai shosetsu (literalmente, novelas celulares) es un proceso imparable. El boom mediático de comunidades virtuales como Mahou no iRando se produjo hace dos o tres años, y el pasado enero, la web dejó caer la cifra: más de un millón de escritores en ciernes utilizaban su servicio. Las principales editoriales niponas -Tohan, Kodansha y Shogakukan...- han animado a los escritores cibernéticos a adaptar sus éxitos al papel. El resultado ha sido que decenas de best sellers como Clearness, Deep love o If you ocupan las estanterías de las librerías tradicionales. Y aquí está la paradoja: la literatura celular ha reanimado a la agonizante industria del papel. Las obras escritas a través de un móvil -en general por veinteañeras- han supuesto un balón de oxígeno para los editores.

Entre los 10 libros más vendidos en Japón en 2007, cinco de ellos -incluidos los tres primeros de la lista- se basan en novelas celulares. Koizora, con dos millones de copias vendidas desde su publicación en papel en 2006, figura en esta lista. La industria del entretenimiento aprovecha también el filón: Koizora ha saltado al papel, al cine y a la televisión en forma de serie.

La mayoría de las obras celulares son melodramas de amor, con un estilo trufado de frases cortas, salpicado de emoticonos -los símbolos que expresan estados de ánimo- y con tramas y personajes que la crítica tacha de "pobres y planos". "Las leen mujeres de entre 14 y 25 años, aunque las hay para treintañeros. Están llenas de neologismos, coloquialismos... Es como si el autor le contara una historia a un amigo. Algunas son improvisadas y las hay colectivas", describe Yamamoto. Ante el éxito de lo coloquial, la revista nipona Bungakukai, especializada en literatura, se preguntaba el pasado enero en su portada: "¿Los novelistas celulares matarán al autor?".

Los seguidores de la novela celular alegan que se trata de un nuevo género literario creado y devorado por una generación adicta al manga y rodeada de tecnología. Sus detractores se echan las manos a la cabeza: temen que su triunfo suponga el fin de la literatura japonesa, que según los críticos dio al mundo su primera novela (Genji Monogatari, escrita en el siglo XI).

Dejando al margen el debate literario, las cifras hablan por sí solas: las editoriales online y las tradicionales no se hunden. Levantan el vuelo. Según datos de la Digital Content Association of Japan, la venta de libros celulares generó 6.900 millones de yenes (44,5 millones de euros) en 2006, y 9.400 millones de yenes (60,7 millones euros) en 2007. Y según publicaba a principios de septiembre el diario francés Le Monde, desde abril de 2007 hasta marzo de 2008, la descarga de este tipo de obras ha supuesto 28.500 millones de yenes (184,2 millones de euros). Buenas cifras para un sector que hoy en Occidente y no hace mucho en Japón estaba de capa caída.

La extravagancia -obras escritas por veinteañeros en teléfonos móviles salvan a una industria en crisis- plantea varios interrogantes. Empecemos por la crisis: ¿cabe la posibilidad de que el libro celular acuda al rescate de los escritores, editores y librerías tradicionales en España?

La omnipresencia de la telefonía móvil en España indica que sí. Según la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), en agosto de 2008, había 49,6 millones de líneas telefónicas, lo que supone una proporción de 109,8 líneas por 100 habitantes, es decir, más de una línea por habitante. Lo curioso es que en Japón la proporción es más baja: en abril de 2008, según un estudio del grupo TelecomPaper, el 80% de los nipones tenían línea.

Las novelas celulares tienen el terreno abonado. La ubicuidad del móvil en España podría facilitar su aterrizaje. Pero existen limitaciones antropológicas. Barreras que dificultan el salto del papel al píxel. "Si a los occidentales les dices que mañana van a leer novelas en teléfonos móviles, la mayoría te mirará como si estuvieras loco. El negocio del e-book

sigue siendo residual. Lo que deja pocas esperanzas para un posible libro celular", plantea Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa y especialista en nuevas tecnologías. En EE UU, el panorama es distinto. "Allí el sector está más maduro. El Kindle de Amazon

[un soporte digital, al que llaman iPod de los libros] ha dinamizado el mercado. Llevan 300.000 unidades vendidas", informa Dans.

La novela celular se enfrenta además a un problema de hábito: en España, el móvil se emplea poco para navegar por Internet. Según un estudio de Vodafone, en 2007 la penetración de Internet en móviles en España rondaba el 8%, mientras que en Japón, ya en 2005, el 50% de los usuarios accedía a la Red desde el móvil, por encima del 40%, que lo hacía a través del ordenador, según datos del Ministerio de Información y Comunicación de Japón.

Por no hablar del bache sociológico. "Los soportes de lectura digital y las editoriales, en especial en España, tienden a reproducir la experiencia de lo analógico: todo gira en torno al libro. Los dispositivos de lectura digitales como Sony Reader [reader significa lector], Kindle y Readius [de to read, leer en inglés] funcionan con metáforas, con expresiones como "pasar página" y sus formatos son cuadrados, como el del libro. Las analogías aparecen cuando una tecnología está en fase embrionaria. Pasó con el ordenador -Windows, metáfora de ventana-, y con los periódicos online que al principio eran réplicas de los tradicionales", afirma Fernando Garrido, subdirector del Observatorio de la Cibersociedad. Y pronostica: "Cuando la sociedad se apropie del fenómeno, el libro trascenderá el papel". Una posibilidad que produce vértigo en los editores tradicionales. "Las editoriales se niegan a perder su rol y experimentan con modelos de negocio que les permitan conservar su papel de mediador entre creador y consumidor. Pero no será fácil: como ha sucedido en la música, todo apunta a que la relación se producirá sin intermediarios".

La primera revolución editorial se fraguó con el paso de la cultura oral a la escrita y la segunda, con la llegada de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV. Es la hora de la tercera. Superar el trauma cultural que conlleva no es sencillo.

"El contenido literario y el resultado cognitivo y emocional de la lectura de un texto son los mismos si se lee en ordenador, en un móvil o en papel. La diferencia psicológica se produce con la relación emotiva con el soporte. El libro convencional es un objeto físico, ocupa espacio, se coloca en una estantería, tiene presencia y puede suscitar emociones y recuerdos, incluso sin haberlo leído", explica Javier Garcés, presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales. La muerte del libro hiere sensibilidades. Aunque para algunos, como Igor Sábada, doctor en Sociología y profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, hablar del fin del papel es exagerado: "Existe una tendencia excesiva, puro marketing, a escribir el obituario apresurado del Libro, con mayúscula. Como en Japón, ambas dimensiones -la tradicional y la digital- coexistirán".

La mayoría de las editoriales están esperando a ver qué pasa en EE UU. "Estamos observando cómo reacciona el mercado estadounidense a Kindle, que empezó a comercializarse en 2007", corrobora Gerardo Marín, editor ejecutivo de Alfaguara. Otras, como Planeta, ya se arriesgaron. "Hace cinco años lanzamos la web Veintinueve.com con muchos títulos para descargar. Fracasó. No existían soportes de lectura adecuados... Veremos ahora", apunta Santos Palazzi, director general del área de Mass Market de Planeta. Y anuncia: "En 2009 esperamos ofrecer e-books en nuestra web y otras asociadas".

Para algunos, la dimensión del mercado es tan pequeña que no compensa el esfuerzo. "La editorial está preparada, pertenecemos a un grupo internacional, y en EE UU, Reino Unido e Inglaterra vendemos e-books. Pero en España todavía no hay demanda. Los e-books llegarán cuando la gente los pida", afirma Nuria Cabuti, directora de comunicación de Random House Mondadori. Stuart Applebaum, portavoz mundial del grupo, confirma: "A finales de 2008 contaremos con 8.000 libros electrónicos en EE UU, con 1.000 en el Reino Unido y con 1.000 más en Alemania. Es el formato con más crecimiento en Random House. En EE UU hemos vendido más e-books en los seis primeros meses de 2008 que en todo 2007".

La convivencia es inevitable, sobre todo con los libros de consulta y de texto. En Santillana algunos editores trabajan con e-books. "Se pueden cargar muchos en el ordenador o en otro dispositivo y se ahorra papel", reconoce Gerardo Marín, del grupo Santillana (al que pertenece Alfaguara). "SM y Santillana ofrecen libros de texto e infantiles en formato electrónico, y Planeta y Océano venden enciclopedias digitales. Todas están haciendo un gran esfuerzo", informa Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de España (FGEE). "Y en derecho, cerca del 60% de los títulos son e-books". Pero existen problemas fiscales. "Los libros electrónicos o en CD-ROM no tributan igual que la obra tradicional. El IVA es del 16%, como en el caso de cualquier CD, y no del 4% que se aplica a los libros. La legislación comunitaria considera al e-book prestación de servicios".

Algo que no parece importar a las editoriales nacidas en Internet. Permiten a los autores editar y vender sus libros en formato digital y en papel. La pionera fue la estadounidense Lulu.com. Hay versiones españolas como Badosa.com, con 13 años de vida, o Bubok, nacida el pasado abril. Casi todas funcionan igual. "Se imprime bajo demanda y el autor decide si la descarga es gratuita o de pago", explica Lucía Llanos, de Bubok.

El intermediario se desvanece: "El autor se lleva el 80% de los beneficios. En una editorial tradicional el autor cobra entre el 8% y el 15%". Y añade: "Estamos contentos: más de 70.000 visitas al mes y 12.300 e-books vendidos". En el sector de los soportes también hay españoles. La empresa Grammata nació en 2004. En enero de 2008 comercializó Papyre, su lector de libros digitales. "Ofrecemos libros, wikipedias, periódicos, blogs, revistas... Hemos vendido más de 2.000. En 2010 esperamos haber colocado en el mercado 50.000", confía Juan González de la Cámara, director de la compañía.

Las letras españolas coquetean con el lenguaje tecnológico. Las librerías han comercializado desde blognovelas -obras basadas en cuadernos de bitácora- hasta textos de estilo cibernético, donde se mezclan clásicos con SMS. David Trías, editor de Plaza & Janés, sabe mucho de bloglibros. Trías se fijó en el argentino Hernán Casciari y en su blog Diario de una mujer gorda en 2005. Adaptaron el blog al papel. Más respeto, que soy tu madre -título de la publicación- fue un éxito. "La bitácora de Hernán era de las más visitadas, y había material". Y da un consejo: "El lector tiene más peso hoy que hace 10 años. Para saber lo que interesa, el editor debe rastrear Internet. Yo consulto FaceBook y MySpace para saber por dónde respiran las nuevas generaciones".

El escritor Peio H. Riaño es experto en "estilos tecnológicos". En Todo lleva carne (Caballo de Troya) Riaño introduce extensiones de archivos como JPG: "No podemos negarnos al lenguaje virtual. Un JPG [formatos de imágenes] es tan común en nuestras vidas como un paisaje. Con esta extensión quise jugar con la idea de un fogonazo, de una imagen que se presenta en unos segundos y se queda ahí para siempre". A la pregunta de si se considera parte de la llamada generación digital, Riaño responde: "No sé si somos digitales, pero somos producto de lo que nos rodea. Y como nos hace, también nos deforma, nos transforma, nos vuelve del revés y nos ayuda a expresarnos con otros recursos".

La puerta está abierta. El iPhone podría ser la panacea. Parece que en España cae bien el artilugio de Apple. Fernando Garrido, del Observatorio de la Cibersociedad, lo ve así: "Todos los estudios que hemos hecho sobre el iPhone apuntan a una alta potenciabilidad de navegación por Internet y a lo fácil que es leer en una pantalla grande. El iPhone podría ser la solución".

Fuentes:

El País (España)

La Nación (Argentina)

Aliado Digital
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domingo, julio 06, 2008

102. Blog "El Futuro del Libro"

102. Blog "El Futuro del Libro"

Saludos desde Barranca (Perú). Ante todo muchas gracias por visitarnos. La verdad me alegra mucho que estés en este momento conmigo. Navegando en la red, buscando novedades para subir al blog me encontré con otro blog. Pero no se trata de un blog cualquiera es, nada más y nada menos, que El Futuro del Libro.

Se abren a diario debates sobre si el libro, tal como lo conocemos de manera tradicional subsistirá en los próximos años ante la avalancha de libros que se pueden descargar (por ejemplo en rapidshare o en esnips), obras en formato power point (que se pueden encontrar en slideshare) u obras en formato PDF (que se encuentran en Scribd). Y, obviamente, estos formatos son para leer en la pc, en la laptop o en el teléfono celular. O bien las obras son códigos que se pueden insertar en paginas webs o blogs. Bien todos estos cambios nos llevan a la inevitable pregunta: ¿Está el libro en crisis o es una evolución?

En este blo no encontrarán la respuesta, pero si bastante material para reflexionar sobre los libros y su futuro. Este es el enlace:

El blog del futuro del libro

Un fuerte abrazo:

Leonardo Sánchez Coello
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sábado, enero 05, 2008

92. Libro: Periodismo 2.0.

Imagen Thumbnail para Imagen Thumbnail para periodismo2.0.jpgThe Knight Center for Journalism in the Americas de la Universidad de Texas (Austin) acaba de lanzar en Internet la versión en español del libro "Periodismo 2.0: Cómo sobrevivir y prosperar. Una guía digital para la era de la información. La obra fue lanzada hace unos meses por el periodista estadounidense Mark Briggs. Ahora tenemos la versión en español gracias a los aportes del colega colombiano Guillermo Franco, quien incluso ha escrito el prólogo. La guía, es una iniciativa del J-Lab y el Knight Citizen News Network y se concretó gracias al Instituto de Periodismo Interactivo de la Universidad de Maryland.

Libro imprescindible para conocer como las nuevas tecnologías están cambiando las formas de escribir y, por lo tanto, de leer, las noticias. ¿Qué espera? ¡Desacargue el libro ahora, es gratis!

Descargue la versión en español

Cortesía:

Vida & Futuro (El Comercio - Perú)
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miércoles, septiembre 06, 2006

5. No porque las nuevas tecnologías sean extremadamente poderosas todo se reduce a circular sobre ellas.

5. No porque las nuevas tecnologías sean extremadamente poderosas todo se reduce a circular sobre ellas.

Emilia Ferreiro, la notable pedagoga argentina hoy residente en México, estuvo en Buenos Aires para participar del Congreso Mundial sobre Bibliotecas e Información, donde tuvimos el privilegio de entrevistarla.

Doctorada en Psicología con una tesis dirigida por Jean Piaget, su pensamiento ha tenido una repercusión decisiva en la teoría y la práctica de la alfabetización. En esta entrevista habla de las ventajas y desventajas de las nuevas tecnologías, y de su experiencia profesional con ellas. “La producción del CD Los niños piensan sobre la escritura fue una experiencia fundamentalmente de aprendizaje para mí, y la hice simultáneamente junto con la creación de un sitio web para chicos... Porque con las nuevas tecnologías solamente se puede aprender haciendo, no conversando sobre ellas”, señala. Al mismo tiempo que advierte la importancia de discutir cómo, cuánto, y para qué se quiere usar las nuevas tecnologías en la escuela.

Su claridad para desmontar y reubicar sus objetos de estudio es quizás lo que le permitió lograr lo que ella misma considera su aporte mayor: “cambiar la mirada”.

Por Verónica Castro

—Recientemente ha presentado en la Argentina su CD-Rom multimedia “Los niños piensan sobre la escritura”. Después de esta experiencia, ¿qué podría decirnos respecto de lo que puede hacerse con las nuevas tecnologías, en comparación con las posibilidades de los soportes anteriores?


Emilia Ferreiro —La producción de ese CD fue una experiencia fundamentalmente de aprendizaje para mí, y la hice simultáneamente junto con la creación de un sitio web para chicos –de cuatro a doce años– que se llama chicosyescritores.org. Porque con las nuevas tecnologías solamente se puede aprender haciendo, no conversando sobre ellas. En los dos casos –el CD y el sitio– traté de ver qué podía hacer que no pudiera hacerse con tecnologías anteriores.

Lo más original de este sitio es una interacción con escritores, pero que no consiste en hablar sobre la obra terminada del escritor, sino en construir con el escritor. Se trata de que el escritor acepte una experiencia inédita para él que es iniciar una historia (que no tenga previamente escrita) y hacerles preguntas a los chicos, dar un tiempo para las respuestas, procesarlas, contestarles a los chicos y seguir su historia pero teniendo en cuenta lo que los chicos le van diciendo. Es una construcción con la participación de los chicos, pero donde el responsable es el autor. El responsable de dar el punto de partida y de tomar las decisiones, porque procesar lo que los chicos le escriben puede querer decir: “mirá, tu sugerencia sería buena pero no la puedo tomar porque significa hacer entrar a otro personaje y eso me va a traer muchos líos en la conclusión de la historia”. Esta experiencia la hicimos con Graciela Montes (argentina), Triunfo Arciniegas (colombiano), Francisco Hinojosa (mexicano). Fueron tres experiencias lindísimas y todas distintas, porque los escritores no se comprometen todos de la misma manera, las propuestas que cada uno de ellos hizo fueron muy diferentes de las otras. Creo que para un escritor de Colombia, por ejemplo, es muy interesante recibir sugerencias de distintos países de América Latina, con algunos de los cuales quizá tiene bastante contacto, y con otros menos; o de españoles y también de brasileños, porque los brasileños, como todos sabemos, no preguntan si en portugués se puede, entran directamente y después preguntan.

La experiencia con los chicos más chicos funciona sobre todo si está mediada por un adulto, y si ese adulto es un maestro descubre que tiene una posibilidad sensacional que es la de que sus alumnos actúen con un autor reconocido, con lo cual empiezan a leer la obra del autor, a discutir su obra previa para saber cuál es su estilo, y eso es completamente distinto de hacer un taller con un autor, porque cuando se hace un taller es con un chico de ese barrio y de esa escuela, y aquí en el sitio web es con hispanos –estén donde estén– y eso es una diferencia enorme. La experiencia puede durar más o menos dos meses, según lo que el autor decida. Antes de empezar la interacción con el autor se lo presenta, se les da a los niños acceso a cuentos de ese autor y también al sitio web, y eso lo puede aprovechar fantásticamente un maestro que quiere enseñar bien a leer y escribir a sus chicos, interactuando con autores vivos, contemporáneos. Eso no se puede hacer sin internet. Y me parece un desafío para el autor y para los chicos: crear un espacio virtual que no podría ser sino virtual.

En el caso del CD lo que yo quise hacer es ponerle a un libro que ya estaba construido todo aquello que yo sabía que le hacía falta y no le había podido poner en su forma escrita: imágenes de chicos en la acción, animaciones donde se puede ver la dinámica de la situación. Y en el trascurso del desarrollo le agregamos cosas que no estaban previstas, en particular la última sección que es sobre distintos tipos de texto producidos por chicos, fruto de actividades que han hecho conmigo en clase. Son ejemplos probados que yo sé que funcionan, que mueven mucho, y el CD me permitía ponerlos a disposición de la gente. Lo que resultó es como estar en una clase, que si quiero entenderla bien vuelvo al libro, y ese juego entre las distintas partes del CD me pareció una posibilidad única, puedo hacer mucho más que cuando publico un texto solito.

Después conseguimos poner una sección de actividades que también tiene un sentido muy claro, por ejemplo: “Traten de leer estos textos que están en escrituras que Uds. no manejan”, esto lo hemos hecho montones de veces con colegas y es una situación muy movilizadora. Pero cada vez que les proponemos “Háganla Uds. también con otros colegas”, nos responden: “Pero cómo consigo un texto en japonés, otro en árabe, en chino,.etc.”. Estos textos son fáciles de conseguir en Europa, por ejemplo, pero es casi imposible conseguirlos en otros lugares. Por eso decidimos poner algunos textos, para que no tuvieran excusas. Las imágenes se amplían y esa parte sí se puede imprimir.

Teníamos mucho más material para subir al CD, pero terminamos cuando los encargados de la parte técnica dijeron: “Se acabó, no entra nada más, el disco está a full”.

Todo este trabajo fue muy interesante, porque los técnicos que trabajaron en el CD no sabían nada de contenidos, pero tenían que llegar a entender algo del contenido para dar con la estética del producto. Por ejemplo, la página de entrada nos llevó una enorme cantidad de horas en pantalla, porque primero se iban a hacia una estética dibujo animado, y yo les decía: “No, no, no, espérate, es sobre chicos pero no es para chicos, es para adultos que tienen que tomar a los chicos en serio”, y ellos respondían “Ah..., este..., adultos, escritura, maestros... entonces se iban hacia una estética de docente-pizarrón”. Y yo: “No espérate, que tampoco es eso” (se ríe). Por supuesto que esperamos que los docentes lo usen, pero no está dirigido exclusivamente a docentes, también es para un padre con ganas de informarse, y para profesionales de la educación o la psicología. No tiene un destinatario adulto preciso y puntual. Entonces, conseguir una estética que no fuera ni infantil ni docente, que fuera relativamente neutra, nos costó mucho trabajo. Pero fueron discusiones muy buenas, porque nos íbamos aproximando al entendimiento mutuo. Para mí fue una experiencia muy enriquecedora, porque aprendí muchas cosas, aunque no muchas cosas que aprendí me gustaron. Por ejemplo, hacer un guión para una animación es horrible, porque uno tiene que prever todos los mínimos detalles... pero así trabajan los técnicos: yo tenía que acoplarme a algunas de las exigencias de ellos y ellos a las mías, y así fuimos avanzando. Dos años nos llevó la producción del CD, aunque no de dedicación exclusiva. Primero hicimos un demo con el cual no solamente le mostramos a la editorial de qué se trataba, y la editorial Siglo XXI estuvo muy generosa en el sentido de creerme y de financiar al equipo técnico. Y con ese demo yo aproveché viajes para discutir con colegas de distintos países, y recibí comentarios y retroalimentación que fueron incorporados en la medida de lo posible a la versión final. Estos proyectos son largos, no se pueden hacer en una semana.

—¿Qué significa leer y escribir en la era digital?¿Cuál cree que es el aporte que introducen o pueden introducir internet y las nuevas tecnologías en la alfabetización del tercer milenio?


—En la conferencia que daré aquí en el Congreso Mundial sobre Bibliotecas e Información de IFLA hablaré de esto y me voy a pelear un poco contra la denominación de “alfabetización digital”, no porque no crea que la alfabetización del tercer milenio sea ajena a las nuevas tecnologías, para nada, sino porque hablando de alfabetización digital ponemos el instrumento demasiado por delante. No porque estas tecnologías sean extremadamente poderosas todo se reduce a circular en esas nuevas tecnologías, sobre todo porque no me parece correcto que gran parte del tiempo escolar se dedique a aprender a usar los programas disponibles; menos aún usar sólo los programas disponibles de Microsoft.

Entonces cuando me dicen: “los chicos, antes de terminar lo que antes era la escuela primaria, deben saber hacer un PowerPoint”, me encantaría, pero no me parece que tengamos que empezar a ponernos esos objetivos –que incluso están ya siendo anunciados de esa manera–, porque están hechos para clases que tienen como máximo veinte alumnos, para escuelas que tienen ocho horas de clase y para maestros que tienen doble turno; es decir, están pensados para condiciones educativas que no son las nuestras. Y si en escuelas con más de cuarenta alumnos por clase y con un maestro que está apenas cuatro horas con ellos dedico tanto tiempo al aprendizaje de los programas, pues va a ser en detrimento de otra cosa. Y después vamos a descubrir que son fantásticos para ser mediáticos, pero que no saben nada de geografía, historia o matemáticas.

Hay un pensamiento que instala la idea de que dominar instrumentos de comunicación garantiza la comunicación, independientemente de que yo tenga algo para decir o no. Es “comunicar cómo”, y “comunicar qué” pasa a ser la trastienda. Es como lo que dicen los que venden teléfonos celulares “comunícate, comunícate, comunícate”. Y yo digo “espérate, ¿tengo algo para decir?”. Hoy hay un uso del celular que es maniático. Para empezar, la pregunta de “¿cómo estás?” ha sido cambiada por “¿dónde estás?”, y se van contando el recorrido por dónde están caminando (se ríe). Se escucha todo, y sin querer, porque todo el mundo habla en voz alta, la privacidad de la comunicación desaparece y parece que a nadie le preocupa. Entonces me parece que no podemos poner por delante simplemente la técnica que queremos enseñar, sin pensar en los contenidos que se quieren trasmitir. Un PowerPoint puede ser muy bonito desde el punto de vista estético, pero no decir nada. No creo que escolarmente hablando tengamos ni que despreciar las nuevas tecnologías ni asumir los “informations literacy standars” que se están elaborando en otros países, porque están hechos para otras condiciones educativas. Hay que pensarlo: poner computadoras en todas las escuelas no es como poner bancos y mesas, porque para que tengan sentido es necesario pensar en el soporte técnico, en la actualización de los programas, en la constitución de redes y en qué software quiero usar. Y todo esto es una discusión propiamente educativa que no se está dando con la fuerza necesaria para que los maestros estén preparados para discutir estos problemas. La decisión de conectar a internet todas las escuelas no es de ellos, es una imposición desde afuera, pero dado que es ineludible esta tendencia, en lugar de quedarse pasivamente esperando que lleguen las computadoras y después decir “está bonita, funciona”, o “no sé qué hacer con ella”, tendrían que ponerse activamente a discutir qué, cómo, cuánto, qué quiero...

—Dado que las nuevas generaciones se acercan espontáneamente a las TIC desde el entretenimiento, de manera independiente y fuera de la enseñanza del adulto o de la escuela, ¿qué les sucede a estos niños a la hora del uso de las TIC en un contexto educativo formal de aula, y con la intervención del docente?


—Yo digo que la conversión de un objeto del mundo social en un objeto didáctico es una conversión que no es banal, y que tiene sus reglas de uso. Supongamos el caso de un periódico, de que haya periódicos en una casa regularmente, ¿para qué se usa el periódico en la casa?. Cada quien lo usa para cosas distintas, algunos para ver dónde dan una película, otros para ver los titulares, otros para ver las medallas olímpicas. Si ese mismo periódico entra en la escuela no se va a usar con ese grado de libertad, y que cada quien haga lo que quiera con el periódico. Por ejemplo, se van buscar noticias de medios distintos para confrontar cómo se cuenta el mismo hecho en distintos periódicos, y eso que antes costaba dinero porque tenían que llevar los dos periódicos, ahora se puede hacer tranquilamente por internet, y es una de sus grandes ventajas. Además, ni siquiera tengo que restringirme a un país porque puedo acceder a toda la prensa internacional para confrontar cómo se cuenta un hecho puntual. Esto no se va a hacer en la casa. Esto es la utilización didáctica de las potencialidades del medio, formar un lector crítico que no se queda atrapado en la letra de lo leído sino que trata de captar las intenciones de la comunicación, la composición de un titular, etcétera. Siempre va a haber una diferencia, cualquiera sea el objeto del que hablemos.

—¿Podría decirse que los fenómenos que traen aparejados hoy las TIC, como las nuevas formas de producción de textos y de comunicación, vuelven a recuperar la importancia de la lecto-escritura como objeto de conocimiento, más que como objeto de enseñanza?


—Bueno, en cierto sentido sí. Lo cierto es que cuando fue el auge de la televisión hubo un momento en el que parecía que la escuela tenía que virar, y en lugar de enseñar a leer textos tenía que enseñar a leer imágenes, porque el conocimiento se iba a trasmitir solamente a través de imágenes. Y ahí sucedió lo mismo que con la escritura, había que aprender a ser un lector crítico de imágenes para no quedarse atrapado como espectador pasivo. Y también estaban los que decían: eso a la escuela no le toca, no puede ser que todo entre en la escuela sin más y nos pasemos horas mirando la televisión en la escuela, por más divertido que sea. Y cuando este debate estaba dando vueltas irrumpen las PC y restauran el texto como algo muy importante –porque la PC como procesador textos existió antes del advenimiento del correo electrónico, de internet– que fue agregando potencialidades. Las escuelas no han eliminado nunca la escritura. Para hacer una búsqueda en internet, por ejemplo, necesito teclear por lo menos una palabra, y cuando me da el resultado de búsqueda necesito leer –y mejor que lea rápido– para ver si los resultados que me ofrece el buscador se orientan en el sentido de mi búsqueda. Es decir que se lee mucho en internet, aunque no es lo único que se hace. Pero se privilegia una lectura rápida, una lectura fragmentada y guiada por objetivos más pragmáticos que estéticos. Yo no sé si alguna vez las nuevas generaciones van a tener más placer en leer poesía en pantalla que en papel, o si una novela completa se va a leer mejor en pantalla, me parece que no. Pero sí los cómics, porque en internet se liberan de restricciones que le impone el papel. Se verá en el futuro..., pero, sí, lo seguro es que hoy día hay que leer mucho en internet.

— Ud. revolucionó la teoría y la práctica de la alfabetización en las escuelas, tanto en América como en Europa. ¿Cuál sería para Ud. su máximo aporte?


—Primero una corrección al primer enunciado, porque yo revolucioné, sí, pero en algunos lugares, en algunos grupos de docentes, fundamentalmente porque empezaron a ver a un chico que no conocían. El que tenían enfrente y el que yo les contaba eran dos chicos diferentes, y como afortunadamente algunas de las situaciones que yo les sugería para ver ese niño eran tan simples como decirles “qué tal si escribes algo en lugar de copiar”, entonces los que se dejaron guiar por las respuestas del chico se sorprendieron de que lo que era Romira en mi texto, era María Luisa ahí en su salón de clase: se parecían como una gota de agua a otra. En realidad son los chicos los que convencieron al maestro más que yo.

Y a mí me parece que lo que más hice –y trato de seguir haciendo– es cambiar la mirada; lo demás viene como consecuencia. Pero si no hay un cambio en la mirada, si no ven en ese chico un chico inteligente que trata de comprender, que pone en acto su pensamiento al poner una serie de letras en cierto orden, no consiguen ni siquiera pensar qué hacer con ellos.

—Ud. habla de la ecuación pobreza-analfabetismo-multilingüismo. ¿En qué consiste?


—El multilingüismo es un fenómeno que hay que tomar muy en serio, y que también se vincula con las nuevas tecnologías.

Si bien es evidente que la mayoría de los sitios web, en este momento, están en inglés, también es cierto que el crecimiento del ingreso de los chinos es espectacular, y no sabemos cómo va a estar de aquí a poco la relación de fuerzas entre las lenguas. Además hay muchas lenguas minoritarias que tienen su sitio en internet, hay muchos grupos indígenas que han aprendido que es también un medio para hacerse conocer, más barato que cualquier otro y con el cual puede llegar más lejos que con otros. Entonces pensar que para navegar en internet me alcanza con el español, es pensarlo muy corto. O bueno, no con el español, pero que con el inglés sí seguro que me alcanza, también es pensarlo corto. También hay un montón de cursos de lenguas por internet, y de lenguas absolutamente minoritarias también, aunque no todo es gratis, desgraciadamente. Entonces, si uno aprecia la diversidad lingüística internet ayuda.

Ahora bien, el problema de la diversidad lingüística siempre ha sido obligación del dominado, no del dominador, y eso desde todos los tiempos. El dominador cuando llega a un territorio impone su lengua, y entonces le toca al dominado ser bilingüe –cuando no multilingüe–, que fue lo que les pasó a todos los indígenas de América que fueron conquistados por los españoles. Solamente algunos misioneros, como Fray Bernardino de Sahagún –y no todos– han apreciado el interés de comprender las lenguas indígenas para evangelizar o para entender la medicina que practicaban los pueblos mexicanos, su sistema de clasificación de plantas medicinales, su modo de entender el funcionamiento cósmico, etcétera. Entonces, partimos de la idea de que el dominador siempre hace el elogio indebido del monolingüismo, y que le toca al dominado la responsabilidad de manejar más de una lengua, con lo que eso significa desde el punto de vista de manejar más de una cultura, más de un sistema lecto-escritural, etcétera. Esto se ve precisamente hoy, cuando decimos que el mundo se está globalizando, lo que quiere decir muchas cosas. Una de las cosas que quiere decir es : todos vamos a aceptar que todos vamos a hablar inglés, solamente inglés.

Pues es muy difícil, por más que quieran imponernos una cosa así. Hay cada vez más un interés por lo que significan las distintas lenguas, que es bastante más que un modo de nombrar de distinta forma las cosas, porque toda lengua tiene una cosmovisión metida adentro y tiene una manera de marcar las relaciones entre la gente. A mí me parece que tenemos que seguir con mucho cuidado el proceso de integración de la Unión Europea, porque ahora que han incorporado a muchos más países, han aceptado que es una Europa con más de veinte lenguas oficiales. Y eso significa un desafío para la educación europea, porque quiere decir que van a tener que ser multilingües desde el inicio, y de hecho ya lo son. Hay escuelas en Barcelona que tienen más de veinte nacionalidades en su interior. ¿Y qué hacen los maestros? No entienden ni qué hablan los chicos.

Entonces yo creo que vamos hacia un fenómeno donde el multilingüismo/bilingüismo que era un poco la marca de ser dominado- excepto cuando tenías un bilingüismo prestigioso del tipo alemán e inglés y no del tipo aimara y kichua, que era como si no hablaras– tendrá oportunidad de dejar de serlo. Y en esto internet nos va ayudar a defender la variedad lingüística y a no permitir que se nos imponga una única lengua y una única cosmovisión.

—Las sociedades, según las épocas, han puesto a los hombres en la hoguera, y siglos después esos mismos hombres han sido puestos en el podio de la gloria. Hoy el paso del tiempo es más veloz y ya no son necesarios siglos para que esto suceda... ¿Ud. ha sido objeto de estos vaivenes?


—Ay, madre Dios, no sé que decir...( se ríe) Yo sé que en algún momento estuve en la hoguera en Buenos Aires, o más precisamente en Córdoba. Pero al menos estuve en buena compañía, estaba con Freud, con Piaget. En el tiempo corto que a uno le toca vivir uno ve subir y bajar modas, los tiempos históricos para sacar a alguien de la hoguera y ponerlo en el pedestal son más largos que la vida de una persona.

Fecha: Agosto de 2004

TOMADO DE "EDUC.AR"

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martes, septiembre 05, 2006

3. “Sería bueno que los adultos se dejaran enseñar por los jóvenes” por Emilia Ferreiro

3. “Sería bueno que los adultos se dejaran enseñar por los jóvenes”La educadora Emilia Ferreiro, discípula de Jean Piaget, advierte sobre la instalación del conocimiento como mercadería descartable.

Cultura del Martes/31-Ago-2004(3)|Hoy

Por Angel Berlanga

“Con la informática estamos participando de una revolución en las prácticas vinculadas con la producción, uso y difusión de lo escrito”, dice Emilia Ferreiro, la psicóloga argentina a la que se responsabiliza de haber torcido, a partir de la publicación en 1979 de su libro Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño, el rumbo de la enseñanza de la lectoescritura en la escuela. “Yo he tenido el enorme privilegio de ser la única latinoamericana que hizo su tesis de doctorado dirigida por Jean Piaget”, señala. Ferreiro reside en México y vino a Buenos Aires para participar del Congreso Mundial sobre Bibliotecas e Información, en el que protagonizó –con una conferencia titulada “Bibliotecarios y maestros de educación básica en el contexto de la alfabetización digital”– una de las sesiones plenarias de un encuentro que concluyó ayer y reunió a unos tres mil participantes de diversos países. “Así como antes tuvimos ‘niños televisivos’, en los niveles de educación básica, ya tenemos ‘niños informatizados’, chicos que crecieron sabiendo que esa tecnología estaba instalada en la sociedad”, sostiene en la entrevista con Página/12.


–Usted se mantiene equidistante entre los fundamentalistas de la “alfabetización digital” y quienes se resisten tenazmente a incorporar la computadora a la enseñanza.–Yo estoy fascinada con la nueva tecnología, incluso hice un libro electrónico el año pasado; me parece que abre unas posibilidades absolutamente fantásticas y es un desafío muy lindo. Pero basta de que ahora es lo único y va a solucionar todos los problemas, porque así no vamos a encontrar un punto de partida.–¿Qué sería necesario para afrontar ese desafío?–El problema es que estamos en un momento de transición. Los chicos y los jóvenes tienen una relación muy tranquila con las nuevas tecnologías, mientras que los adultos, y en particular muchos docentes, tienen una relación complicada, se acercan con temores y reticencias. Sería fantástico que ocurriera un quiebre en la relación educativa, algo que se da muy pocas veces en la historia: que los adultos se dejaran enseñar por los jóvenes. Si se ve a la computadora como un competidor, en el sentido de que ofrece mayores atractivos que el pizarrón, y se lo pone en espacios controlados, bajo llave, así no vamos; hay que animarse, igual que con los libros, a meterlos en el salón. Se dirá: “Pero hay que tener muchas”. Sí, pero esto va muy rápido. Me preocupan las reticencias, “necesito un curso de capacitación...”. Yo digo: “En tu casa, ¿quién te capacitó? Tu hijo, o tu sobrino. ¿Por qué no hacemos lo mismo en la escuela?”.–¿Esas reticencias aparecen también en Europa?–Claro, es impresionante el caso de Francia, por ejemplo: tienen la tecnología instalada y apenas la usa el veinte por ciento de los maestros. En España pasa lo mismo.–Más allá de la digitalización, ¿cree que la escuela, en Latinoamérica, está formando lectores críticos?–No se hace tanto como se declara. Hay que seguir insistiendo. Para pasar a la práctica hacen falta muchas cosas. Hace falta que el maestro se sienta un profesional calificado. Y que se defienda como tal, porque pareciera que en el campo de la educación todos pueden meter mano. Es cierto, sobrepasa los límites del aula, no sólo se realiza en la institución, ya lo sabemos; pero hay una especificidad institucional, y si se renuncia a ella hay muchas cosas que simplemente no van a pasar.–Usted advierte sobre las declaraciones “solemnes” de los ministros de Educación latinoamericanos en torno de lo prioritario de instalar Internet en las escuelas sin un marco programático.–Es que también hay un negocio, ¿no? Es evidente. Las primeras declaraciones sobre internet en las escuelas salieron en la sección “Finanzas” de los periódicos: después bajó a “Educación”. Cada vez quesurge una tecnología se apuesta primero a que esté en todas las casas, luego a que haya más de un equipo, luego a que cada persona tenga el suyo... Así se multiplican las ventas exponencialmente. Uno de los líos de Internet en las escuelas es que nadie está pensando en el soporte técnico necesario, y si no se resuelve las computadoras quedarán paradas rápidamente. ¿Internet en las escuelas? Aplaudo. El problema es que no se piensa un proyecto: les han dicho a los maestros que repitan el slogan, pero no se discute qué tipo de máquinas, conectadas a qué tipo de redes, con qué programas. Mientras los maestros estén ahí, pasivos, educativamente hablando no pasa nada.

TOMADO DEL DIARIO "PAGINA12"


Cultura del Martes/31-Ago-2004(3)|Hoy

Desafíos del conocimiento

“Algunas entidades, como el Banco Mundial, están trabajando con una especie de filosofía general que dice que el conocimiento caduca, que es perimible, como una mercancía”, advierte Ferreiro. “Se pretende tomar el desarrollo de la tecnología como si fuera el del conocimiento, y se olvidan las complicadas interacciones que hay entre ciencia y tecnología. El asunto es que se capte y se use, y que con la misma velocidad se lo deseche, cuando te digan ‘eso ya no va más’. Me resisto a pensar el conocimiento en esos términos; no tendría sentido, entonces, reeditar a Quevedo. De pronto la gente no se da cuenta de que está comprando un paquete entero sin analizar sus componentes: no porque las tecnologías sean fantásticas tengo que comprar la ideología del conocimiento perimible. Debo aprender a educar con computadoras, porque es la tecnología vigente, pero yo me peleo con el concepto de ‘alfabetización digital’. Ese concepto desenfoca de la tarea fundamental: qué clase de lector quiero. Lo central es la formación del lector crítico, del productor responsable de textos, más allá de que estos sean tiempos digitales.”

TOMADO DEL DIARIO "PAGINA12"
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