Roger Chartier
Autor de Historia de la lectura (Taurus), El orden de los libros, y Las Revoluciones de la cultura escrita (Gedisa), su más reciente obra publicada en español, entre otros, el francés advierte en entrevista realizada en Guadalajara, durante la Feria Internacional del Libro de esta ciudad, sobre la ambigua jerarquía, que implica la proliferación de textos electrónicos y señala la importancia de formar gente con espíritu crítico, para que pueda transformar y asimilar con una postura definida, este mundo, donde la palabra escrita sobrevivirá en diversidad de soportes.
Pero no sataniza ni viste de áureas predicciones el presente, ni el futuro que espera a la palabra escrita. Para él, es significativo que en una época en que un libro se negocia como se hace con los jugadores de futbol, con cantidades millonarias de dinero, sea la misma época en que por otra parte se inventa una nueva forma de comunicar, como Internet, que quien ahora la puede utilizar, puede interactuar de manera libre, en paralelo a la visión del mundo que domina, cosa que nunca antes había sido posible a esa escala del planeta.
¿Qué es lo que podemos esperar a partir del almacenamiento de la historia del hombre, en medios electrónicos o digitales, qué cambia con esto?
Qué podemos esperar... quizás lo peor o lo mejor. Lo mejor sería, para retomar la palabra de almacenamiento, suponiendo que los textos ya escritos, ya impresos, fueran transformados en textos electrónicos, la posibilidad por lo menos teórica, utópica, de la biblioteca universal, que se puede utilizar a distancia. Es la primera vez en la historia de la humanidad que es pensable algo así, no digo que va a realizarse, pero es algo que se piensa y que puede hacerse.
Al mismo tiempo, como lo sabemos, cuando hay proliferación, abundancia textual, siempre existe, con el texto electrónico de una manera más aguda, el riesgo de la confusión, de la posibilidad de tomar este mundo como verídico, en el que el control sobre la autoridad, la veracidad se hace más difícil que en el mundo de la cultura impresa o manuscrita. De esta manera el tema del exceso de textos, un tema clásico desde la Edad Media, reforzado después de la invención de la imprenta, se plantea con una fuerza inaudita en el mundo de la textualidad electrónica. Y es entre este sueño pensable de la biblioteca universal y el temor comprensible del exceso textual, que se sitúa el diagnostico del presente.
Hay en este “sueño pensable” el problema de la caducidad del soporte en el cual quedan guardados los textos. Quién sabe si dentro de diez años podamos leer lo que se grabó en un CD hoy...
La dimensión técnica es fundamental. Es decir que por un lado, nadie conoce bien la duración de la permanencia de algunos soportes electrónicos, y lo temen algunos bibliotecarios que no caen en la utopía de la perpetuidad asegurada por el soporte electrónico, y por otro lado, lo hemos visto con las primeras generaciones de textos electrónicos, cómo cambian rápidamente los aparatos, la imposibilidad de leer archivos electrónicos porque ya no hay más los aparatos para hacerlo. De esta manera hay doble riesgo de desaparición.
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De viva voz
“Al mismo tiempo, como lo sabemos, cuando hay proliferación, abundancia textual, siempre existe, con el texto electrónico de una manera más aguda, el riesgo de la confusión”
“En todas las bibliotecas del mundo no son los libros del siglo XVII los que están en peligro de desaparición, ni siquiera los manuscritos del siglo XIII, son los publicados entre finales del XIX y primera mitad del 20”
“Toda esta cadena se fundamenta en la materialidad de los objetos: una carta, una revista, un diario, un archivo no corresponden a los mismos usos y no están investidos con la misma autoridad. Mientras que en la continuidad textual que ofrece el texto electrónico hay un aparato único, la computadora, para todos los textos”
“Una confusión textual que hace que porque un texto o una información puede ser consultada en la red, está investido de cierto grado de autoridad y se considera como una información verdadera”
“Es el momento en que se negocian libros, como se negocian jugadores de futbol entre las empresas, que se ha inventado una técnica que permite, por ahora a los que ya pueden utilizarla, de reconstruir algo mucho más desinteresado, colectivo, gratuito. De ahí también una tensión fundamental, y me parece útil, porque puede influir en el sector capitalista, mercantil, de la producción y circulación escrita”
“De ahí me parece un porvenir incierto del mundo digital, porque a la vez puede seguir reflejando las desigualdades ya establecidas o, por la intervención de los ciudadanos, de los poderes, de las empresas, puede reducirse la distancia. Es como una meta fundamental de este futuro”
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